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Punto de partida para un bienio incierto

Argentina es un país que se caracteriza por no presentar claridad o certidumbre en el corto o mediano plazo, mucho menos en el largo plazo, para la toma de decisiones en los negocios. El objetivo de esta nota es intentar trazar un mapa para la toma de decisiones, que nos permita conocer el comportamiento de determinadas variables macroeconómicas a lo largo de este año, y cuáles son las proyecciones, tanto de consultoras privadas como del propio gobierno nacional, para el próximo bienio.

El eje central a partir del cual oscilan todas las proyecciones es el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional; acuerdo que el propio ministro de economía Martín Guzmán quería concretar a mitad del presente año, pero el cual pareciera tener lugar durante el primer trimestre del año próximo. En declaraciones previas a las elecciones legislativas, Alberto Fernández declaró querer tomarse el tiempo que sea necesario para llegar al mejor acuerdo posible, el cual fundamentalmente debe ser alcanzable y sostenible a lo largo del tiempo. Lo cierto es que el oficialismo está en tiempo de descuento para cerrar un acuerdo con el organismo internacional, ya que en los próximos 4 meses debe enfrentar vencimientos de deuda.

Según el último informe trimestral de deuda presentado por la Secretaría de Finanzas, entre diciembre 2021 y marzo 2022, el Gobierno deberá pagar U$S 5.858 millones al FMI. Dicho total se reparte mensualmente de la siguiente manera: en diciembre 2021 hay vencimiento de capital por US$ 1.892 millones, erogación que el ministro de Economía habría confirmado a principios de noviembre, en enero 2022 hay vencimiento de capital por US$ 731 millones, al mes siguiente hay vencimiento de interés por US$ 372 millones, y en marzo 2022 nuevamente hay vencimiento de capital por US$ 2.873 millones.

La gran pregunta es cómo estarán las reservas del Banco Central al momento de tener que hacer frente a dichas erogaciones. A principios del mes de noviembre las reservas brutas ascendían a U$S 42.607 millones, con un valor de reservas reales de U$S 5.114 millones, pero siendo las reservas netas negativas, luego de descontar la tenencia de oro y los DEGs, de U$S - 936 millones. Es válido comentar que el BCRA finalizó el año 2020 con un total de U$S 39.410 millones de reservas brutas, experimentando una contracción interanual de 12,0%.
Proyecciones privadas prevén que las reservas brutas podrían ubicarse en U$S 39.489 millones para diciembre 2021, tan solo un 0,2% superior al valor de un año atrás. Tanto para el año 2022 como para el año 2023, las estimaciones oscilan en torno a los U$S 39.000 millones de reservas brutas, por lo que conviviremos con reservas por debajo de los U$S 40.000 millones. De ahí la importancia, urgencia y necesidad de llegar a un acuerdo con el FMI. Recordemos que el cronograma de pagos de deuda se vuelve más complejo a partir de abril del año próximo, ya que hay 24 vencimientos por capital, intereses y sobrecargos que suman un total de U$S 19.115 millones; y en 2023, por otros U$S 19.367 millones.

La incertidumbre por un acuerdo con el FMI puede verse reflejada en las brechas cambiarias, las cuales son el fiel reflejo de la desconfianza que el mercado tiene en la actual gestión de gobierno. El día posterior a las elecciones legislativas, el dólar oficial mayorista, a partir del cual se rige el resto de las cotizaciones, cotizó en $100,27 determinando una brecha superior al 100,0% con el dólar informal, el cual cotizó entre $206/$204 dependiendo la plaza, y una diferencia en torno al 90,0% con los dólares alternativos MEP y CCL. Al momento de escribir la presente nota, la brecha con los dólares alternativos ya supera el 100,0%. De todas formas, la historia económica argentina muestra que brechas como las actuales no son sostenibles en el tiempo, generalmente suelen permanecer por un período entre dos o tres meses, no mucho tiempo más.

Estos niveles de brecha dejan ver un serio problema que tiene el oficialismo respecto a la política cambiaria y la necesidad de un plan de acción al respecto. La respuesta inmediata que el oficialismo podría dar sería intervenir la cotización del dólar oficial, realizando una devaluación del peso, que eleve la cotización del dólar a la zona de $115/$120. La ocurrencia de una devaluación es un hecho cierto, la incógnita está puesta en cuándo y cómo lo va a realizar el gobierno. Una posibilidad es que devalúe durante el mes de diciembre y otra es que lo haga durante el primer trimestre del año próximo. Con respecto al cómo lo hará, será importante develar si va a ser de una sola vez, o si lo hará de forma gradual. En caso de que opte por una devaluación gradual, no habrá margen para devaluar por debajo de la inflación mensual. Durante este año, en promedio, el gobierno devaluó al ritmo del 1,6% mensual, ampliamente por debajo de la inflación mensual, la cual, en promedio, se ubicó en torno al 3,0% a lo largo de todo el 2021, tratando de utilizar esta herramienta como ancla cambiaria, intentando frena el aumento de la inflación. Según consultoras privadas, el dólar oficial podría ubicarse en torno a los $110 en diciembre de este año, $153,7 en diciembre del año próximo y $204 en diciembre del año 2023. Por su parte, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado, publicado por el BCRA, el dólar oficial podría ubicarse en $105,4 para fin de año y en $159,3 para finales de año 2022.  

Con respecto a la inflación, consultoras privadas prevén que para diciembre 2021 la inflación anual ascienda al 52,0%, mientras que los especialistas que participan del REM la estipulan en torno al 48,0%. Sea cual fuere el valor, se ubicará muy por encima del 29,0% que Martín Guzmán había proyectado para la inflación anual 2021 en el Presupuesto Nacional, presentado durante el 2020. De cara al 2022, la economía también va a enfrentarse a una inflación anual superior al 50,0%. Posiblemente durante el año 2023 rompa la barrera del 50,0% y descienda a valores más cercanos al 40,0%. De todas formas, nos enfrentamos a dos años con tasas de inflación muy elevadas, por lo que cualquier decisión que enfrentemos, deberá contemplar herramientas de cobertura contra dichos valores de inflación. La tasa de interés BADLAR está proyectada en torno al 35,0% anual, por lo que seguirá siendo negativa frente a la inflación.

Elevar la tasa de interés pasiva a valores superiores a la inflación podría ser otra estrategia que implemente el gobierno para incentivar el ahorro en pesos, desincentivar la demanda de dólares, frenar el aumento del precio y así tender a achicar la brecha. De todas formas, con las conocidas proyecciones de la tasa de interés Badlar, vemos muy lejos que esto suceda.

Otro dato relevante es lo que pueda ocurrir con la economía en su conjunto y en este punto hay proyecciones diversas. Quienes participan del REM, en promedio, prevén que el PBI podría crecer un 7,5% durante el 2021. En caso de cumplirse tal proyección, la economía argentina no habría recuperado todo lo perdido durante el año 2020 por la pandemia, que recordamos sufrió una contracción del 9,9%. Los mismos analistas proyectan que durante el 2022 y 2023 el producto bruto podría crecer a una tasa del 2,2% cada año, por lo que durante el 2023 podríamos estar retornando a los niveles pre pandemia.

De todas formas, hay consultoras privadas que proyectan que la economía argentina podría crecer un 9,1% durante este año, por lo que prácticamente estaríamos recuperando lo perdido durante el año 2020. Sin embargo, estas mismas consultoras proyectan una tasa mucho más baja de crecimiento para los años venideros, en torno al 1,2%. En línea con estas proyecciones aparece la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Un informe publicado por la organización estimó que el PBI de Argentina crecerá apenas 1,9% en 2022, lo que la ubica última en la tabla de los países del organismo. Así, la Argentina pasará de liderar la tabla de recuperación para este año, con un crecimiento de 8,0% según la OCDE, por encima de España, Reino Unido e India, al último puesto de la prevista para 2022.                  

De la mano del movimiento del PBI, aparecen las proyecciones en torno al empleo en Argentina y nuevamente hay disparidades entre las estimaciones. Los analistas que participan del REM estiman que la desocupación descenderá de una tasa del 10,1% en diciembre 2021, a una tasa del 9,9% sobre la población económicamente activa, para diciembre 2022. De forma contraria, consultoras privadas están viendo un incremento en la tasa de desocupación, que parte de una tasa del 10,5% promedio durante el año 2021, a 11,7% en promedio para el año 2022 y 11,8% para el año 2023.

Conclusiones

. – Mientras el gobierno no llegue a un acuerdo con el FMI, la economía argentina seguirá inmersa en un escenario altamente incierto y volátil.

. – El oficialismo está en tiempo de descuento para acordar con el FMI ya que durante los próximos 4 meses deberá enfrentar vencimientos de deuda, los cuales deberá cumplir para no caer en default.

. – La situación de las reservas del BCRA es y será crítica. Nos enfrentamos a dos años en los cuales las reservas brutas se ubicarían por debajo de los U$S 40.000 millones. 

. – Brechas cambiarias en torno al 100,0% no son sostenibles en el tiempo. Tarde o temprano el gobierno se verá obligado a achicar dichas diferencias, ya sea por un aumento de la cotización del dólar oficial o por reducción en las cotizaciones de los dólares alternativos. Esto podría hacerlo interviniendo el mercado del dólar MEP o CCL, o incentivando el ahorro en pesos, aumentando la tasa de interés pasiva por arriba de la inflación. 

. – La economía argentina podría recuperar casi todo lo perdido durante el año 2020 a causa de la pandemia. De todas formas, los próximos dos años, nos enfrentaremos a tasas muy bajas de crecimiento.

. – El estancamiento de la economía viene de la mano del desempleo. A pesar de las diversas proyecciones, la tasa de desempleo no logrará perforar el 10,0% sobre la población económicamente activa, al menos durante el próximo bienio.
 

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