Para Pensar

NOS AUSPICIAN

Inflación y desprecio monetario

Perdida del poder adquisitivo

La economía argentina tiene un marcado desprecio por su moneda, y eso se trasluce en la inflación que hemos tenido en los últimos 18 años. Bajo los parámetros que visualizaremos resulta imposible encauzar una empresa, tener resultados claros en términos reales, y una política tributaria que en muchos casos termina transfiriendo capital de las empresas al Estado.

El siguiente análisis tiene en cuenta la serie continua del índice de precios minoristas, facilitada por la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL). En primera instancia, se basa en la serie del IPC Nacional del INDEC desde el año 2002 hasta el año 2007, tomando como base 100 el año 2004. Luego, a partir del año 2007 y hasta el año 2017, se considera el IPC Congreso debido a la ausencia de datos publicados por el INDEC durante dicho período (en este caso, la medición no es nacional, sino que corresponde a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Por último, desde el año 2017 a la actualidad, se utiliza nuevamente la serie del IPC Nacional informada por el INDEC.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos “el índice de precios al consumidor (IPC) es un indicador que mide la evolución promedio de los precios de un conjunto de bienes y servicios representativos del gasto de consumo de los hogares residentes en un área determinada”. Para confeccionarlo el INDEC realiza una encuesta a un grupo representativo de hogares para conocer sus consumos. Con la información obtenida en las entrevistas se confecciona una lista de artículos (bienes y servicios) que forman la canasta del IPC. Se realiza un seguimiento y una comparación mensual de precios para calcular su variación en el tiempo. Es decir, se compara producto por producto, mes a mes; y de sus variaciones con respecto al período base se obtiene un número índice.

Una suba en el índice refl­eja una disminución en el poder de compra del dinero en función de los precios de ese conjunto de bienes y servicios, mientras que una disminución del mismo indica un aumento del poder de compra del dinero en esos mismos términos.

Para calcular la inflación entre un período y el otro, se considera el número índice al mes que queremos conocer la variación y se lo divide sobre el mes desde el que partimos el análisis. Ese número, convertido a porcentaje, nos devuelve la variación porcentual del período.  

Veamos un ejemplo práctico. Al día de hoy, el último dato informado es la inflación al mes de septiembre del año 2020. Considerando el año 2004 como año base para el análisis, en septiembre 2020 el índice de precios al consumidor es 4.674. Comparando dicho índice contra el índice informado en diciembre del año 2002, el cual fue 96,1, la variación porcentual asciende a 4.765,0%. Obtuvimos ese valor al realizar la siguiente operación:

Si ahora quisiéramos conocer la inflación entre diciembre del año 2004 y septiembre del presente año, debiéramos realizar el mismo calculo, ahora tomando el índice a diciembre 2004, el cual fue 105,7. En este caso, la inflación acumulada entre diciembre del año 2004 y septiembre del año 2020 es de 4.324,0%.
De la misma forma, una vez que se conocen los números índices y se aplica la fórmula antes mencionada, se puede conocer la inflación acumulada para el período que se quiera. Por ejemplo, para conocer la inflación de los últimos diez años tomamos el número índice de septiembre de este año, y lo dividimos con el número índice de diciembre del año 2010. Por lo tanto, para el período entre los años 2010 y 2020, la inflación asciende a1.522,0%. La inflación de los últimos cinco años en Argentina fue de 337%, y de los últimos tres 178%
Los argentinos nos acostumbramos a convivir con una inflación crónica. Incluso en un mundo que presenta deflación (variación negativa de los precios) Argentina registra la segunda inflación más alta de América Latina.   

Resulta llamativo que no reflexionemos con estos números disparatados de inflación que tenemos en menos de dos décadas, donde vivimos colapsos monetarios, cesaciones de pagos, reestructuraciones de deuda pública, y todo esto repetido en no menos de tres oportunidades.

Un país en donde los balances no ajustan por inflación, hace que las empresas paguen impuestos a las ganancias que son expropiatorios del capital invertido. No hay forma de medir la eficiencia de la gestión empresarial, y es difícil mensurar la rentabilidad del capital. Por esto, y por muchas cosas más, las empresas se van de Argentina. Un juicio perdido y actualizado, puede ser letal para un empleador, un juicio no cobrado por un empleado sería una gran oportunidad perdida.

Sería bueno tomar como punto de partida estos números para saber que el verdadero flagelo de Argentina es la inflación.   

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