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“Reperfilando” tus ahorro

Disparada del dólar, derrumbe de bonos y acciones, reperfilamiento de deuda, default selectivo e inflación otra vez en alza. La economía del país tras las PASO no es precisamente la que la mayoría esperaba. El problema es que arriba de la montaña rusa está la gente con su angustia a cuestas por el estrés financiero que la situación supone.

Como hemos visto en columnas anteriores, ahorrar no consiste simplemente en generar un excedente positivo entre los ingresos y los gastos, sino que existen aspectos relevantes sobre todo en tiempos de crisis.

Aquí señalamos cuatro tipos de ahorro distintos: ahorro para emergencias, ahorro para consumo, ahorro para invertir y ahorro para emprender. En tiempos de estrés financiero, el ahorro para consumo queda marginado ante la preocupación que genera lo que podrá suceder no dentro de un año sino en el futuro inmediato. Algo similar ocurre con el ahorro para invertir, puesto que en medio de una crisis el riesgo se torna tan alto que incluso las colocaciones en principio conservadoras, como los plazos fijos y otros instrumentos de renta fija, se tornan peligrosas.

En situaciones como la actual, la preocupación pasa por poner el capital a salvo de la voracidad devaluatoria de una economía enferma. Nos queda entonces poner el foco en el ahorro para emergencias y en el ahorro para emprender.

Ahorro para emprender

Un nuevo emprendimiento comercial puede llegar por un deseo ferviente de emancipación o simplemente por la imposición del mercado laboral, que en un momento determinado lo expulsa a uno de la comodidad de la relación de dependencia.

Se trata de un ahorro que no debe ser tan cuantioso como la gran mayoría piensa. Hoy en día es posible comenzar un nuevo proyecto con mucho menos capital que décadas atrás gracias a las nuevas tecnologías, que han eliminado barreras para los microemprendimientos.

En consecuencia, hablamos de un ahorro altamente productivo: lo que comienza como una manera de obtener un ingreso adicional al generado en relación de dependencia o que surge por la necesidad de generar dinero ante la expulsión del mercado laboral puede terminar transformándose en un modo de vida distinto, con ingresos superiores, menos riesgo y más satisfacciones personales.

Aunque muchos tiendan a creer que nada bueno puede surgir de las crisis, lo cierto es que nos encontramos en un momento ideal para llevar adelante este tipo de emprendimientos con pequeños montos de capital: la dispersión de precios y los altos márgenes de ganancias que buscan los grandes comercios y shoppings ante la fuerte reducción de consumidores genera una importante oportunidad para quienes se animen a ofrecer sus productos y/o servicios a través de Internet, publicitándolos en redes sociales a un costo ínfimo, con la posibilidad de segmentar el alcance y de realizar varios intentos a prueba y error hasta llegar al nivel deseado de demanda.

Cada cierre de una PyME es muy doloroso, pero también implica una oportunidad para un emprendedor interesado en satisfacer esa demanda que queda desatendida. Y lo puede hacer a partir de costos sensiblemente inferiores a los de sus predecesores.

Ahorro para emergencias

Conocido como “paraguas para días de tormenta”, en nuestro país este tipo de ahorro es condición sine qua non para sobrevivir. Con este dinero, evitamos pedir prestado en tiempos de crisis agudas, cuando las tasas de interés suelen escalar hasta niveles estratosféricos como los actuales.

Por más seguros que estemos de que nuestra profesión o la empresa para la cual trabajamos nos mantendrán a salvo del riesgo que significa quedarse sin ingresos en momentos de recesiones profundas, no ocuparnos de generar el ahorro para emergencias habla de un exceso de confianza e ingenuidad que puede resultar más caro de lo que imaginamos.

Idealmente, el ahorro para emergencias debe cubrir 6 meses de ingresos, pero un/a neosoltero/a con un bajo nivel de gastos podría sentirse seguro con un ahorro equivalente a 3 meses de ingresos, puesto que cuenta con un mayor margen de maniobra para ajustar su economía doméstica. En cambio, para su tranquilidad, una familia numerosa debería pensar en un ahorro para emergencias de 9 meses.

En este link encontrarás algunos ejemplos concretos sobre el tema. A mi juicio, y teniendo en cuenta la historia económica reciente de nuestro país, es de vital importancia que este tipo de ahorro se encuentre fuera de todo riesgo bancario y devaluatorio. Esto es, colocado en moneda dura fuera del circuito financiero.

Conclusión

El ahorro no se genera solamente cuando se separa dinero del ingreso. Es necesario ahorrar a la hora del gasto. Para ello, debemos adquirir productos y contratar servicios de manera inteligente y evitando el derroche.

La mejor manera de generar ahorro en el gasto es incorporando hábitos saludables. Una buena conducta consiste en pedir siempre tres presupuestos para gastos relativamente importantes, revisar los tickets de supermercados, restaurantes y otros comercios, pagar el gasto total realizado con la tarjeta de crédito para que no nos cobren luego intereses elevadísimos y aprovechar las promociones de descuento con tarjetas de crédito y débito.

La economía argentina (y todos nosotros con ella) sufrió un cambio importante el 13 de agosto, que correspondió al primer día hábil luego de las PASO. Ese cambio puso al ciudadano de a pie frente a una disyuntiva: adoptar una actitud negacionista y creer que lo que sucedió es un tema puramente financiero que no tendrá correlato en su economía diaria o comenzar desde ahora a prepararse para una situación que más temprano que tarde decantará en otra de las tantas crisis económicas de las que parece que no escaparemos jamás y a las que nunca terminaremos de acostumbrarnos.

Adaptarse y sobrevivir, financieramente hablando, es el objetivo. Para ello, hace falta generar recursos económicos propios. Espero que esta columna sirva para lograrlo.

Fuente: Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación

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