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¿Qué tan bancarizados estamos los argentinos?

El nivel de bancarización de una sociedad es un indicador más que importante. El concepto de bancarización está íntimamente relacionado con el concepto de inclusión financiera.

Empecemos por definir Inclusión Financiera. La Organización Internacional para la Cooperación y Desarrollos Económicos la define como “proceso de promoción de un acceso asequible, oportuno y adecuado a servicios y productos financieros regulados y la ampliación de su uso hacia todos los segmentos de la sociedad mediante la aplicación de enfoques innovadores hechos a medida, incluyendo educación financiera, con el objetivo de promover el bienestar financiero y la inclusión económica y social”.

En sencillas palabras se trata de facilitarle acceso, a aquellas personas que actualmente no están dentro del sistema, a una amplia gama de productos financieros (ahorro, crédito, pagos, transferencias) y, para quienes ya tienen acceso, lograr que su uso sea el conveniente y adecuado.

Aumentar, incentivar y promover la inclusión financiera es fundamental para cualquier país ya que, además de brindar mayores oportunidades a aquellas personas en desventaja, impulsaría el crecimiento económico, ayudando a reducir la brecha, no solo económica sino sociocultural, entre países.

Hablando de países, lo que me interesa presentar en esta nota es la posición de Argentina respecto al nivel de bancarización de sus habitantes en comparación a determinados países seleccionados.

Según un informe elaborado por FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas) a principios del corriente año, en Argentina, aproximadamente el 48% de la población mayor de 15 años tiene acceso a una cuenta en una institución financiera. El porcentaje de acceso al sistema es similar al promedio de Brasil, Colombia, México, Perú y Uruguay. Sin embargo, tanto Argentina como los países mencionados, están muy por debajo de Chile (74%) y lejos de países de altos ingresos (denominados OECD HI), en los cuales la cobertura es casi total (95%).

 

Un detalle no menor. En nuestro país, el 55% de las cajas de ahorro en el sistema financiero son de carácter obligatorio, respondiendo a políticas establecidas para tal fin como pago de sueldos, jubilaciones, asignaciones que deben realizarse por dicha vía. Una de las finalidades de la inclusión financiera es lograr que la apertura de cajas de ahorro o cuentas corrientes sea de forma orgánica y no meramente obligatoria.

Pasando al terreno de las tarjetas, el informe muestra que hubo un crecimiento notorio entre el año 2011 y 2014, seguido de una leve disminución desde ese año, llegando al año 2017 con el 41% de la población con tarjeta de débito y el 24% con tarjeta de crédito.

 

En el área internacional, Argentina resulta estar mejor posicionada que el promedio de los países seleccionados de América Latina, pero se encuentra debajo de Chile en lo que respecta a cantidad de tarjetas de débito y crédito por habitante. La diferencia es aún mayor en relación a los países que integran el grupo OECD HI.
 

Tal como dijimos al principio, la inclusión financiera no solo busca que las personas tengan acceso a los productos financieros, sino que además los usen. En relación a las tarjetas, sólo la mitad de quienes tienen tarjeta de débito realizan pagos con la misma (22% de la población adulta), porcentaje muy inferior al observado en Chile y en los países desarrollados, con proporciones de 47% y 77% respectivamente, en términos de los adultos.
 

Solo el 32% de las personas que tienen una cuenta bancaria en Argentina realizan el pago de servicios a través de transferencias (homebanking). En Chile ese porcentaje asciende a 56% y en los países desarrollados alcanza el 90%.

Estos valores nos sugieren que el uso de dinero en efectivo como medio de pago está muy instalado en nuestro país, incluso entre aquellas personas que están bancarizadas, conclusión a la que también habíamos llegado en notas anteriores, analizando los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares, realizada por el INDEC.

Los números no mejoran si de ahorrar hablamos. Solo el 7% de quienes tienen una cuenta en Argentina confían sus ahorros en instituciones financieras locales, mientras que en la región el 11% ahorra a través de ese medio, el 21% lo hace en Chile y más de la mitad en países desarrollados (54%).

 

Por último, veremos que los problemas que acarrea la baja inclusión financiera, no afectan a todos los niveles socioeconómicos por igual. Esta misma situación se presenta en todos los países. Cómo es de esperarse, a medida que aumenta la edad y el nivel educativo, resulta mayor la proporción que tiene una cuenta bancaria.
 
Porcentaje de personas con cuentas, por países y grupos de ingresos

Estas diferencias se profundizan respecto al uso de las cuentas bancarias. La diferencia en el porcentaje de personas bancarizadas que usan los servicios financieros es más del doble entre el 20% más rico (60%) y más pobre de la población (28%). Cabe señalar que esta brecha es más profunda en los países del grupo de Latinoamérica (68% vs 22%), un poco menos en Chile (84% vs 54%), y mucho más reducida en los países desarrollados, en los que el uso de los instrumentos financieros es generalizado en todos los niveles de ingreso.
 
Uso combinado para los tenedores de cuentas, por países y grupos de ingresos

Es verdad que, en los últimos años, todo lo relativo a inclusión financiera se ha tenido en cuenta en las agendas políticas, pero, a pesar de las políticas implementadas, Argentina todavía tiene a más del 50% de su población adulta fuera del sistema financiero y el uso de los instrumentos, por parte de quienes sí están bancarizados, también es insuficiente.

Para finalizar, me gustó un párrafo expuesto en el informe de FIEL: “inducir o forzar el acceso al sistema financiero sin cuidar o promover el uso efectivo y eficiente de los distintos instrumentos resulta un esfuerzo ineficaz para mejorar sustancialmente la inclusión financiera de las personas”.

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