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NOS AUSPICIAN

Dos años de inflación alta y aumento de las tasas de interés

A pocos días de comenzar un nuevo año calendario, contra muchos pronósticos que creían que para este momento el COVID-19 iba a ser historia, las consecuencias de la pandemia se sienten más que nunca y la incertidumbre vuelve a ser la protagonista.

A raíz de la irrupción del coronavirus a nivel mundial, se desató la tormenta perfecta. La crisis comenzó por el lado de la oferta, a causa de los cierres de fábricas, el corte de las cadenas de suministro y la resistencia por retornar al trabajo presencial.       

A la escasez de oferta le siguió una estrepitosa reducción de la demanda a nivel mundial debido a las restricciones de movilidad, a la caída de ingresos y al aumento de las tasas de ahorro de los hogares.

Sin embargo, lo peor llegó cuando los principales países del mundo comenzaron a reabrir sus economías. Lo que pasó en la economía mundial fue lo mismo que sucede cuando ocurre una inundación; la situación más crítica se vive cuando el agua comienza a irse. A medida que las cuarentenas iban desapareciendo, sumado al alto nivel de ahorro que habían alcanzado los hogares y a los fuertes estímulos económicos que los gobiernos se vieron obligados a emitir, empezó a experimentarse un incontrolable aumento de la demanda; expansión que superó ampliamente a la oferta que seguía retraída.

Tal como la ley de la oferta y la demanda lo establece, cuando la demanda supera a la oferta, los precios de la economía tienden a subir, ocasionando un proceso inflacionario difícil de combatir. En torno a este punto se desató una intensa discusión entre quienes consideraban que la inflación a nivel mundial era un evento transitorio y que rápidamente iba a normalizarse (entro ellos miembros de la Reserva Federal de Estados Unidos y del Fondo Monetario Internacional), frente a los que creían que la escalada de los precios llegó para quedarse, convirtiéndose en un suceso permanente.

Recientemente, Jerome Powell, presidente de la FED, en conferencia de prensa, reconoció que la inflación en Estados Unidos es un evento permanente, para lo cual debía tomar medidas al respecto. En primer lugar, aceleraría el retiro de estímulos a la economía americana hasta marzo del año próximo. Llegado ese momento, se encargaría de analizar el mercado de trabajo. En caso de que la tasa de desempleo se ubicara por debajo del 4,0%, procedería a subir la tasa de interés de corto plazo. Las proyecciones rondan en un aumento hasta el 0,9% a diciembre 2022 y hasta el 2,0% a diciembre 2023. El objetivo es que para el año 2023 la inflación logre recorrer un sendero bajista, hasta retornar a los valores del 2,0% anual, neutralizando así ambas tasas. En caso de que, llegado marzo 2022, la tasa de desempleo sea mayor, procedería a rever toda la estrategia económica.

Tanto la ruptura de las cadenas de suministro como el aumento generalizado de los precios desencadenaron una crisis en la logística marítima mundial. La denominada crisis de los contenedores, considerada como una de las más grandes de la historia, se generó por la falta de espacio físico disponible para transportar mercadería, producto de que los contenedores que arribaron a distintos puertos del mundo, durante el año 2020, no pudieron retornar al continente asiático. La situación es delicada porque el 80% del volumen global y el 70% del valor mundial del comercio exterior se realiza por vía marítima y, de ese total, el 52% es mercadería que viaja en contenedores.
Por otro lado, comenzó a experimentarse un aumento sin precedentes en el precio de los fletes marítimos internacionales. Al igual que con el nivel de inflación general, en el mercado se habla de una temporada de valores máximos permanentes.

Debido a la escasez de espacio físico y a la congestión en los principales puertos del mundo, el transporte marítimo se volvió más lento que de costumbre. Solo el 40,0% de los barcos llega a tiempo, mientras que el 60,0% llega después de su fecha de arribo estimada. Por lo tanto, la demanda, que continúa creciendo, se encuentra con una menor oferta de espacio y mayores tiempos de entrega. No solo que esta situación disparó el valor de los fletes, sino que muchas rutas directamente dejaron de ser rentables, por lo que el transporte marítimo es cada vez menor, desacoplando algunos países del comercio internacional.

Resulta válido comentar que la producción industrial en China experimentó una tasa de crecimiento por arriba del 8,0% durante los primeros meses del año 2021. Por su parte, las importaciones de Estados Unidos crecieron a una tasa del 10%. Europa, sin embargo, se muestra rezagada con un crecimiento importador del 1,4%. Por tal motivo, los inconvenientes portuarios resultan un fenómeno fundamentalmente chino y norteamericano, pero que, sin dudas, impacta en la logística marítima mundial. Este efecto se traduce directamente al bolsillo de los consumidores.

La incógnita a resolver es cuándo, las tarifas de los fletes, volverán a los promedios de los años anteriores. Las tendencias de mediano y largo plazo sugieren que los costos seguirán más altos que el promedio histórico durante varios años, al menos, no demorarán menos de dos años en normalizarse.

Lo desarrollado hasta aquí pone en jaque la recuperación de la economía a nivel mundial. Los principales organismos internacionales han revisado a la baja sus pronósticos de expansión, tanto para el año que finaliza, como para el año próximo. Todas las miradas están puestas en el año 2023, año en el cual se cree que, si ningún cisne negro ocurre durante el 2022, las principales variables macroeconómicas tenderán a normalizarse.

Sumado a esto, continúan apareciendo nuevas cepas de coronavirus, las cuales dividen al mundo entre aquellos que entran en pánico frente a una nueva variante y aquellos que subestiman las mutaciones del virus.

Durante el año 2022, habrá que tomar decisiones en medio de un escenario incierto, cambiante, con inflación elevada, tasas de interés negativas contra la inflación, bajas tasas de crecimiento y amenazas latentes de nuevas variantes de coronavirus.    

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