Gente Joven

NOS AUSPICIAN

Pandemia de privilegios

Hace 2 semanas que la televisión, la radio, los diarios, la publicidad online, los asuntos en los mails y las conversaciones de WhatsApp sólo repiten una palabra: coronavirus. Un enemigo invisible que logró detener la economía del mundo en cuestión de días, nos encerró a todos adentro de nuestras casas y nos desafió a repensar nuestro futuro, a barajar y dar de nuevo.

Con él aparecieron las recomendaciones que se fueron transformando en órdenes. Quédate en casa. Lávate las manos. Comprá alcohol en gel. Diluí lavandina. Hacé una compra en el súper y "stockeate". Aparecieron los imperativos cargados de privilegios.

Mientras los periodistas nos repiten que no salgamos de nuestras casas y los famosos hacen vivos en Instagram para apalear juntos la cuarentena nos olvidamos de la deuda que tenemos con nuestro compatriota. Mientras algunos buscamos la rutina que nos haga transpirar lo que la ansiedad nos hace comer hay un 40% de argentinos a los que ni siquiera se les dio la oportunidad de protegerse.

Aparece en este contexto de crisis mundial, y personal, la pregunta…¿será que el coronavirus llegó arriba de unos pocos favorecidos? ¿Será que la protección también es cosa de algunos? ¿O es que de repente Argentina se convirtió en un país del primer mundo?

Te piden que te quedes en tu casa pero miles de argentinos viven en casillas o en las calles. Te piden que te laves las manos pero miles de argentinos no tiene agua potable. Te piden que desinfectes con lavandina pero miles de argentinos tienen tierra en vez de parquet. Te piden que hagas tu compra en el súper pero miles de argentinos no acceden ni a la canasta básica. Te sugieren que leas un libro pero miles de argentinos son analfabetos. Te dicen que los chicos se conecten al aula virtual pero miles de niños sólo van a la escuela por un plato de comida. Te dicen que hagas Home Office pero nunca democratizaron el acceso a las tecnologías. Te dicen que veas Netflix pero miles de argentinos ni siquiera saben lo que es.

Acá está la grieta de la que nadie se acuerda. La grieta del privilegio. La grieta que algunos quieren llamar méritos… y es que nadie niega que sea meritorio tener un título universitario, un trabajo estable, una casa, un plato de comida todos los días pero cuánto de eso hubiera sido posible sin el contexto en el que naciste. ¿Y cuál es tu mérito sobre ese contexto? Ninguno.

Entonces, algunos de los mimados deciden salir de su cuarentena para ir a surfear, otros alquilan el perro del vecino para poder dar una vuelta y algunos esconden a su empleada doméstica entre mantas en su camioneta para poder tener a "la que limpia" en los días de encierro. Y aparece nuestro Presidente jurando caer con todo el peso de la ley a todos aquellos que no cumplan el aislamiento pero parece que nuevamente nos olvidamos que el Estado también debería garantizarnos a todos la posibilidad de hacerlo dignamente.

De este modo se hace visible una realidad subyacente: es un privilegio tu cuarentena. Porque al virus lo trajimos los que podemos viajar al exterior pero resulta que ahora lo combatimos todos. Resulta que todos debemos quedarnos en casa pero no todos jugamos con las mismas cartas.

Quizás esta crisis logre visibilizar la situación del que tengo al lado. ¿O será que la post modernidad ya ha hecho de todos nosotros unos completos individualistas? Yo tengo esperanzas. Creo en la empatía, creo en el abrazo fraternal y creo en un Estado igualitario que nos privilegie a todos. Quizás el coronavirus llegó para decirnos que no todos somos privilegiados y que el primer paso para poder igualarnos en derechos es reconocer que la meritocracia no existe.

 
María Christou
Lic. Comunicación Social

Informes anteriores