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BCE, el reto está por llegar

El pasado jueves, el Banco Central Europeo (BCE) anunció que ponía fin al programa de compra de activos, más conocido como QE (expansión cuantitativa), tras cuatro años desde su entrada en vigor. Con la perspectiva que brinda el paso del tiempo y lo visto en Estados Unidos, estas son algunas reflexiones que suscita el anuncio.

Primero, indudablemente es una buena noticia, dado que la economía de la zona euro no precisa por más tiempo este estímulo. En estos cuatro años, el BCE ha comprado deuda por un importe de 2,6 billones de euros (23% del PIB), lo que ha sido un instrumento eficaz para sortear el riesgo de deflación en la zona euro. Segundo, el anuncio ha pasado absolutamente inadvertido para los mercados, a pesar de marcar un hito en el proceso de normalización monetaria. Un mérito atribuible a la buena comunicación del BCE, que ha venido preparando cuidadosamente el terreno en el último año. Y, tercero, aunque estamos un poco más cerca de recuperar una situación de normalización en materia monetaria, todavía queda mucho recorrido por hacer.

La finalización del QE es solo un primer paso en un proceso que será prolongado. Y es que al BCE le quedaría por desmantelar todavía una batería de medidas no convencionales desplegadas durante la crisis que engloba, en particular, la política de provisión de liquidez (a plazos largos) al sistema financiero, el aumento de los tipos de interés (ahora negativos) y la propia reducción del (extraordinario) tamaño de su balance.

Para dar una idea de lo mucho que queda por delante, algunos datos. En materia de liquidez, el sistema bancario de la eurozona acudió masivamente a las últimas subastas de largo plazo, solicitando fondos por más de 700.000 millones de euros (que deberían devolver entre 2020 y 2021, a menos que el BCE extienda las subastas, lo que parece muy probable). En lo relativo a los tipos, recordemos que el BCE los redujo por debajo del 0% (hasta -0.40%). Por tanto, hay largo recorrido para devolver los tipos a sus niveles “normales”.

Si la política de la Reserva Federal de Estados Unidos puede servir de referencia de cuánto puede durar este proceso, aunque en absoluto es extrapolable por las diferencias existentes entre ambas jurisdicciones, podemos estar hablando de entre cuatro y cinco años, pues la Fed puso fin al QE en octubre de 2014 y en 2019 es previsible que alcance el máximo cíclico de los tipos de interés. Si esto fuera así, el reto para el BCE será enorme, porque seguramente haga frente a las siguientes fases del proceso de normalización monetaria cuando la economía se esté desacelerando. A ver cómo maneja esto el nuevo presidente del BCE y el renovado Consejo.

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