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Por las achuras, el recupero de faena vuelve a ser positivo

Ante la escasez estructural de novillos pesados y los límites de la oferta de vacas, varios frigoríficos exportadores están fijando su atención sobre las vaquillonas.

Es la categoría más barata para entrar como invernada, y si bien es difícil su recría y terminación a corral sin llegar al engrasamiento excesivo, una vaquillona de entre 420 a 430 kilos de buena conformación nos sirve para muchos destinos comerciales. La calidad de la carne es excelente y toda aquella parte de la res que no se exporta y que se destina al consumo interno (por ejemplo los parrilleros) cubre perfectamente las exigencias de la demanda.

La categoría “vaquillonas” en el rodeo es muy numerosa –7,5 millones de cabezas– y una vez apartada la reposición, permite disponer de una abundante oferta, que hasta hace poco se destinaba casi exclusivamente al consumo.

Si pasaba cierto peso vivo, la vaquillona se convertía en “vaquita” y era penalizada en su precio. Una vaquillona de entre 400 a 420 kilos, con medias reses de 115 a 120 kilos de razas británicas, Brangus o Braford, puede destinarse a cuota 481, Europa no Hilton, Chile o Israel.

Con una recría adecuada, y eligiendo bien el biotipo y el frame de la vaquillona que se va a recriar y engordar, es una opción interesante para conseguir materia prima, en un momento donde la demanda externa es muy alta. Hay rentabilidad en las empresas frigoríficas y la limitante más grave que tienen es la falta de hacienda elegible para exportación.

Cría

A partir de septiembre de 2015, y contra una inflación acumulada desde entonces del 172 por ciento, los ingresos de una explotación de cría (Secretaría de Agroindustria, Cuenca del Salado, Modelo Mejorado) crecieron sólo un 102 por ciento, lo que marca una caída del 26 por ciento en términos reales.

Pero la evolución de los precios de las diferentes categorías que vende el criador ha sido muy desigual: mientras el valor de la vaca conserva subió 186 por ciento, o sea por arriba de la inflación, la vaca gorda subió el 131 por ciento, el ternero de 180 kilos subió un 91 por ciento y la ternera la hizo sólo un 72 por ciento. Mientras la vaca conserva evolucionó a la par de la inflación, la ternera perdió un 37 por ciento en términos reales. Actualmente, y según el modelo de Agroindustria, el criador obtiene el 40 por ciento de sus ingresos por la venta de vacas.

Recupero

La dramática caída del valor del cuero fresco o salado, y la valorización de las achuras después de la última devaluación, ha llevado al hecho inédito que dentro del valor total de los subproductos (“crédito bruto de matanza”), el valor económico de las menudencias supere al del cuero.

En el mercado local, el valor del cuero ha caído 55 por ciento en términos reales en los últimos tres años, pero en Chicago la cotización del cuero ha caído un 55 por ciento en dólares desde abril del 2015.

Las achuras, por su parte, se han valorizado a partir de la devaluación y de la explosiva demanda asiática. Muchas plantas consumeras están buscando obtener la habilitación para exportar carne y menudencias a “terceros mercados”, los de menor exigencia.

El objetivo es aprovechar los mejores valores que paga el mercado internacional en relación al mercado doméstico.

Con un crédito bruto de matanza del orden de los siete a 7,50 pesos por kilo en gancho, y un costo de faena del orden de los 4,50 a cinco pesos por kilo, han reaparecido los “recuperos” pagados a los usuarios: entre 50 y 80 centavos en el caso de los matarifes más chicos y de entre uno a 1,50 pesos por kilo para matarifes o supermercados de mayor volumen de trabajo semanal.

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