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NOS AUSPICIAN

¿Cómo pensarnos en aislamiento?

Los argentinos y argentinas vivimos en una cultura del contacto y del afecto. Los asados en la casa de algún familiar, los mates en la casa de una amiga, el cafecito del bar de la esquina, la cerveza en la vereda, el postre de las heladerías. Excusas para el encuentro.  

Desde el sentido popular, la clase media está acostumbrada a pensarse como personas libres, en la medida que suelen elegir a quién ver, dónde ir, qué comer, qué ver, qué leer, etcétera.  

Sin embargo, hoy el mundo se encuentra atravesando una pandemia por el virus COVID-19. En consecuencia, tanto los sectores gubernamentales como los sanitarios están pidiéndole a la sociedad un freno sobre esas costumbres, apelando a la responsabilidad y aislamiento social donde aparece la temida cuarentena. 

¿Cómo pensar el atravesamiento de este fenómeno desde una perspectiva de salud mental?
¿Cuáles serán las consecuencias frente a esta ley, “quédate en casa”, que viene desde afuera a modo de prohibición? 

El efecto que esto tenga en cada uno y en cada una es y será singular. Estamos atravesando un período donde la contingencia del azar se presenta cada día, trastabillando nuestros esquemas sostenidos por ilusiones o ideales. Debemos postergar nuestros modos conocidos de ser y estar en el mundo.  

En este contexto un doble miedo parece asaltarnos: por un lado, el miedo al encierro y, por el otro, el miedo al contagio. Y es entonces cuando la realidad nos deja sin respuestas y el tiempo y el espacio dejan de ser calculables. Hasta cuándo y hasta dónde son límites que empiezan a desdibujarse. 

Todo este fenómeno favorece a la emergencia, no sólo en los sujetos sino también en la sociedad en su conjunto, de ciertos rasgos paranoides, que van desde certezas que se emiten por todos lados sin estar ancladas a una voz oficial, preguntas de orden persecutorio que se multiplican por cada titular que se lee, audios circulando por Whatsapp advirtiendo el peor final, entre otros.  

¿Cómo ponerle un corte a estas cuestiones y enmarcarnos desde cierto lugar para sostener nuestra vida diaria? Esta pregunta no tiene una respuesta única ya que cada sujeto se defiende como puede desde los recursos con los que cuenta para afrontar las adversidades que se le presenten, en cada momento y cada vez.  

Estos cambios en nuestras costumbres o en los sostenimientos de nuestros ideales no serán sin angustia. Pero es desde allí y desde el lugar de la pregunta que podremos comenzar a (re)armar, tanto consciente como inconscientemente, otro lugar para posicionarnos durante el atravesamiento de esta crisis social. 

No debemos perder de vista que las nuevas tecnologías nos proporcionan hoy ciertas facilidades que nos permiten adaptar nuestros modos de vida e incluso mantener relaciones con nuestros seres queridos. Aplicaciones de ocio, informativas, comunicacionales, de negocios, entre otras. El manejo óptimo de las mismas, es decir un uso sin abuso, nos permitirán encontrar un marco desde donde sostenernos y desde donde vincularnos con los otros y con lo otro.  

Darle al uso del celular o de la computadora un otro sentido del que solíamos será fundamental. Es decir, no oficiando como espectadores de las redes sociales recibiendo enormes cantidades de información sino, apostando a poder hacer algo propio, ayudados por la tecnología.  

También el tiempo libre aparecerá como un tesoro que creíamos perdido en esta sociedad de tanta carga horaria. Así, desde el aburrimiento podremos interpelar nuestros intereses y buscar, investigar y conocer, a través de tutoriales web o libros archivados, cuestiones sobre esos gustos a los cuales no nos podíamos abocar por falta de tiempo, tales como actividades manuales, de ingenio, de escritura, de cocina, entre otras.    

Buscar tiempos, momentos, espacios para enmarcar nuestra rutina para que esta no se vuelva interminable; jugar con la luminosidad y la oscuridad de los ambientes; apreciar el afuera desde las ventanas; mover nuestros cuerpos desde alguna actividad física; dar lugar tanto a los encuentros como a los desencuentros con los otros, tanto con aquellos que compartimos espacio físico como aquellos con los que compartimos espacios virtuales. Poder cortar, sostener intervalos y retomar.  

Apostar a otros tempos de nuestras escenas diarias, en la medida en que las mismas son ficciones desde donde nos sostenemos cada día y que gracias a eso existe la posibilidad de poder construirlas de otra forma

 
Ps. Lucía De Vivo
Mat. 8241 

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