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Guillermo Calvo: "La tasa de interés es una herramienta muy débil para bajar la inflación"

El economista argentino analizó la coyuntura económica del país e indicó que la deuda es muy alta para ser consistente con las metas inflacionarias que el Gobierno apunta
 
Guillermo Calvo, el economista argentino y profesor de la Universidad de Columbia en Nueva York, habló por teléfono con LA NACION e indicó que el problema principal que hay en la Argentina, y "que a todo el mundo le preocupa", es el alto déficit fiscal, que "nadie sabe si políticamente [el Gobierno] lo va a poder bajar".
Asimismo, el académico especializado en política monetaria señaló que el déficit "es muy alto para ser consistente con las tasas de inflación" que el Gobierno apunta y reafirmó que "la tasa de interés es una herramienta muy débil" para, por sí sola, hacer bajar los precios.

Guillermo Calvo participará de la reunión anual de la Asociación de Economía de América latina y el Caribe (Lacea) que se realizará desde mañana y hasta el sábado en Buenos Aires, y que tendrá, por primera vez, a la Universidad de San Andrés como anfitriona .
-¿Hay que preocuparse por el creciente endeudamiento para financiar gastos corrientes?

-El tema de la deuda es muy complicado. Para unos países no los es, como es el caso de Japón, que puede tener una deuda de 200% de producto, o Italia, que está arriba de 100%. Son países ricos y no tienen el tipo de crisis que tenemos nosotros. En la Argentina, la deuda es una cuestión más delicada, porque nosotros tenemos una historia que cuando nos aprieta el zapato pateamos el tablero; por ejemplo, dejamos de pagar. No se puede culpar a nadie en particular. En este momento, la deuda como proporción del producto no es grande, es más bien pequeña. Uno podría muy bien concluir que la Argentina todavía tiene margen para seguir adelante endeudándose. Pero, por otro lado, debido a la historia y a las medidas que hemos tomado en el pasado, y que parece tenemos inclinación a tomar, es un tema preocupante.

-El Gobierno tiene estimado terminar el año con una deuda neta pública de 28,5% del PBI e ir aumentándola hasta llegar al 37,3% para 2020. ¿Cree viable este margen de casi 10 puntos del PBI o habría que buscar otro método para financiar el déficit?

-La Argentina se enfrenta a un problema político muy serio. El método más seguro para reducir el déficit implica bajar el gasto público de manera sustantiva en el corto plazo. Eso políticamente es complicado. En principio, dicho así, suena muy plausible el endeudamiento. Pero hay que acompañarlo con otras políticas que hagan que la sospecha que se tiene de la Argentina, que repudia a la primera vuelta de la esquina, se acabe o se reduzca fuertemente. Creo que este Gobierno tiene muchas chances de reducir esas sospechas históricas, porque es un Gobierno bien diferente; la confianza ha subido, está muy fuerte, y el plan del que han empezado a hablar suena muy realista. Pero no nos olvidemos que tenemos este pasado. Cuidado con implementar medidas que se aprovechan del hecho de que algunos inversores ya han invertido, no pueden irse y de repente los agarran con un impuesto fuerte, que no esperaban. Ese tipo de cosas puede traer otra vez las sospechas que mencionaba.

-El Gobierno proyecta que para 2019 la inflación va a ser de un dígito, ¿cree que es posible?

-La inflación es una forma de impuesto, pero tiene un problema: no se elige a dedo, uno hace algo para que sea baja o alta. La tasa de inflación se fija sola, porque no controlamos los precios directamente (lo que, de paso sea dicho, está muy bien). La inflación en principio no hace daño mientras la gente la espere. No es tanto la inflación en sí misma el problema (excepto cuando ya es muy alta). El problema es la sorpresa inflacionaria o deflacionaria. Por lo tanto, en la medida que el Gobierno la pueda mantener dentro de márgenes que no sorprendan al mercado, está bien que la bajen lentamente. El problema que hay en la Argentina, y que a todo el mundo le preocupa dentro y fuera del país, es, otra vez, el déficit fiscal. Es un déficit fiscal muy alto y nadie sabe si políticamente lo van a poder bajar. Es muy alto para ser consistente con las tasas de inflación a donde ellos apuntan. Ojalá que lo puedan lograr. Uno quiere confiar en ellos, aunque yo tengo un poco de dudas con respecto al método que utilizan para bajarla.

-Usted había dicho que sólo con la tasa de interés no se puede bajar la inflación.

-Claro, exactamente. La tasa de interés es una herramienta muy débil. Ha sido débil en el pasado, hablando de experiencias de otros países. Lo estamos viendo también hoy en día en economías avanzadas y algunas emergentes que han llegado a fijar tasas de interés negativas -caso Israel- y no pueden parar la deflación. La experiencia muestra que la tasa de interés puede ser una herramienta indudablemente muy útil para países que transitan períodos normales, pero cuando uno se pasa de ciertas bandas es débil.

-¿Qué otros instrumentos se necesitan para acompañar el proceso de reducción de la inflación?

-Cuando el déficit fiscal entra en las expectativas, creo que la tasa de interés puede hacer muy poco para bajar la inflación. Lo único que puede hacer el Banco Central es subir la tasa de interés sobre las Lebacs o activos equivalentes, pero eso aumenta el déficit fiscal, debido al déficit llamado "cuasi-fiscal" del Banco Central. Eso puede terminar siendo equivalente a, como se dice en inglés, "tirarse un tiro en el pie". Si yo quiero usar la tasa mucho, todo el tiempo, de repente me encuentro en una situación en la que genero un déficit fiscal más grande todavía. Afortunadamente, sin embargo, el Banco Central ha reforzado la tasa de interés con intervención en el mercado cambiario. Eso es muy común en los países con tipo de cambio flotante, y es buena noticia que el Banco Central esté yendo en esa dirección. Lo único que digo es que la tasa de interés, en sí misma, no alcanza. La pregunta que me hago es si no deberían prestarle un poquito más de atención a la tasa de cambio como ancla. Hasta el momento la usan como ellos quieren y nadie sabe en qué momento van a intervenir. En parte la tasa de interés es tan alta porque el Banco Central no asegura para nada cuál va a ser la tasa de cambio. Entonces el inversor extranjero que piensa en dólares teme una devaluación repentina y para cubrirse del riesgo requiere una tasa de interés alta.

-El dólar vale hoy casi $ 18; en 2018, el Gobierno calcula que va a valer $ 19,30. Hay muchos sectores que dicen que el tipo de cambio está atrasado.

-Si uno ve al tipo de cambio atrasado, tiene que investigar qué es lo que lo está provocando e ir a las fuentes. Devaluar porque sí es muy peligroso. Si hay una razón de fondo por la que está tan apreciado, devaluar ofrece un respiro transitorio. La tasa de cambio se vuelve a apreciar y entonces el Banco Central se encuentra obligado otra vez a devaluar. Eso trae inflación. La apreciación real del tipo de cambio es una cosa muy normal en un país que de repente sale de un régimen como el kirchnerista, que, desde el punto de vista monetario, era totalmente desordenado. Ahora se está intentado poner reglas de juego más o menos claras, lo cual hace a la Argentina una economía más atractiva para el inversor extranjero y, aun, nacional. Eso aprecia el tipo de cambio. Si a uno no le gusta esa apreciación cambiaria, la solución no está en devaluar, sino en cambiar el régimen monetario, como algunos países han hecho cuando se ven inundados por ese tipo de capital: toman medidas macroprudenciales o directamente controlan la entrada de capitales. Podemos discutir si eso vale la pena para la Argentina o no. Pero ir directamente y devaluar la tasa de cambio es muy peligroso.

-Sobre todo, con una inflación que tiende a la baja.

-Claro, es contraproducente. De ninguna manera hay que entrar por ese lado. Ahora entiendo que hay un problema de apreciación de tipo real de cambio y la pregunta es si es una cuestión estructural. Si ese es el caso, hay que vivir con eso. Si es una cuestión de corto plazo, entonces hay que tratar de entender qué es lo que está pasando y solucionarlo, pero no directamente tocando la tasa de cambio.

-Según el Gobierno, la Argentina tiene que "crecer con salarios altos".

-Lamento decirlo, pero eso me suena muy populista. La Argentina es un país que ahorra muy poco, increíblemente poco. En términos latinoamericanos, la tasa de ahorro argentina es una de las más bajas (y ni hablemos con respecto a las asiáticas). El país tiene que ahorrar más, tiene que consumir menos. Si uno quiere mantener el salario real alto, hay que preguntarse para qué. Si es para que haya consumo alto, entonces el país se va a quedar donde está, no va a haber crecimiento y no habrá muchas esperanzas de bajar la pobreza. Hay una serie de cosas inconsistentes en eso. Por supuesto que los políticos tienen que hablar, uno no puede pedirle consistencia lógica al discurso de los políticos porque tienen un trabajo bastante complicado. Pero, como economistas, entendemos que, si el ahorro es muy bajo, para poder crecer decentemente hay que depender del ahorro externo. Eso es lo que hemos venido haciendo y de vez en cuando tenemos crisis porque el ahorro externo se va. Esa es la historia argentina. Yo también quiero que el país pueda consumir más y que los salarios sean altos. Pero si el país no es suficientemente rico, tener salarios altos es algo que no se puede sostener en forma permanente. Esto lo sabe todo el mundo a nivel personal, es una cosa de sentido común. Lamentablemente, los populistas engañan a la gente con la ilusión, nunca cumplida, de que "pueden comer la torta y comerla a la misma vez".

-La meta de inflación del Banco Central para este año era de 17%, pero va a finalizar en alrededor de 23%, ¿por qué cree que el proceso está siendo más lento de lo previsto y cree que esto afecta la credibilidad del Gobierno para las expectativas futuras?

-Lo que sabemos en teoría monetaria es que las expectativas juegan un papel muy importante y que se puede agudizar si se pone mucho énfasis en la tasa de interés. Con la tasa de interés, aunque se la ponga alta, no se controla ni la cantidad de dinero ni la tasa de cambio. Entonces, ¿dónde está el ancla nominal? Para que la tasa de interés sea un ancla, lo precios en pesos tienen exhibir algún tipo de rigidez nominal. Es decir que estaríamos dependiendo de que los precios mismos hagan de ancla. Pero son los precios los que están subiendo demasiado rápido. Entonces si los precios empiezan a subir por su cuenta, la tasa de interés no tiene la capacidad de pararlos, excepto que usted suba la tasa de interés real tanto que de golpe la puede parar (como lo hizo Volcker a principio de los 1980s), pero eso genera una recesión. La Argentina tampoco quiere recesión. Esa es otra razón por la que creo que hay que reforzar la tasa de interés con otras anclas.

-Se espera que la Reserva Federal de Estados Unidos aumente la tasa de interés el año que viene, ¿cómo podría afectar eso a la Argentina?

-Están subiéndola muy cuidadosamente. En Estados Unidos tenemos el problema a la inversa: falta liquidez. En la Argentina sobra, acá falta. La liquidez que importa, que es equivalente a bonos del Tesoro de Estados Unidos, son lo que se ha dado en llamar "activos seguros". En las economías avanzadas y algunas emergentes la inflación no parece subir. Realmente la curva de Phillips se ha achatado completamente. Hay pleno empleo y la inflación no llega ni al 2%. Por esa razón es difícil justificar que un Banco Central suba la tasa de interés cuando no tiene inflación y tiene pleno empleo. Pero, por otro lado, Estados Unidos está creciendo muy poco, ese es el problema, el "estancamiento secular". Por eso creo que la tasa de interés la van a subir tímidamente. Además, si ven que la tasa de desempleo aumenta, no van a dudar en bajarla otra vez. El mercado está esperando un incremento muy lento, y si es así, yo esperaría que el capital que ya ha ido o está interesado en ir a países como la Argentina, va a quedarse. Eso no va a cambiar.

-El Gobierno está en Nueva York ahora en busca de inversiones, ¿cree que van a poder conseguir atraer más capitales con la victoria oficial de las elecciones legislativas?

-Creo que indudablemente esto ha hecho una gran diferencia. Como se ven las cosas desde acá, el hecho de que salga la sombra de una vuelta del kirchnerismo es muy importante. Porque la credibilidad de Macri, no depende de él ni de su equipo solamente, sino de la probabilidad de que puedan seguir gobernando. Luego de estas elecciones hay una mayor esperanza de que esto pueda continuar muchos años más y eso le da un horizonte mucho más grande al inversor. El tema es que las inversiones que necesita la Argentina son de infraestructura y eso lleva más de cuatro años. Este tipo de inversión no sé si va a estar muy reactivado. El peligro está en que venga la inversión de súper corto plazo, el capital caliente. Yo soy optimista, pero el Gobierno tiene que estar muy atento a que no nos pase que entre mucho capital caliente que termine generando una crisis cuando decide salir, como ya lo hemos visto en muchas economías emergentes. Pero estoy seguro que el gobierno entiende muy bien ese problema.

-El domingo salió a la luz que el ministro de Finanzas, Luis Caputo, administró fondos en paraísos fiscales. ¿Cree que mientras el Gobierno intenta dar una imagen de transparencia, el pasado del ministro puede golpear la credibilidad?

-Lamentablemente así es como funciona el mercado financiero. Siempre ha estado buscando cualquier vericueto o agujerito para sacar una ventaja. Todos ellos juegan ese juego, así que, por haber hecho eso, mientras no sea abiertamente ilegal, esto simplemente revela que sabe cómo manejarse en ese mundo. En la medida que lo haya hecho dentro de las reglas de juego, a nadie le molesta. Al contrario, muestra que tiene experiencia con los mercados y por esa razón más bien genera confianza. Ahora, si se encuentra que ha usado métodos ilegales, eso es otro tema.


 

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