Para Pensar

NOS AUSPICIAN

El pánico a la crisis aplaca los ánimos

La fe mueve montañas, y el pánico aplaca las inquinas. La meteorología enrarecida de la última semana mezcló una corrida política por encuestas que ahora se lloran como prematuras - por imaginar un ballotage ocho meses antes - con el freno al roll over –reinversión– de los papeles argentinos que vencen, pero no son renovados, como es de uso y estilo en ésta, y otras bicicletas.

Este clima generó una paz inusual para la exasperación de la campaña, que replica el enfrentamiento cabeza a cabeza de 2015, entre Cambiemos —cabeza del voto no peronista— y el frente peronista. La tranquilidad se extenderá en esta semana corta, trinchada por una huelga que la oposición quiere más que tranquila, para no alimentar más al oficialismo, que gana votos cada vez que ellos se muestran al frente del desorden público, y por el feriado del 1° de mayo. Prueba de esa mansedumbre que contrasta con la ansiedad de toda campaña, la paciencia que se tuvieron los diputados el miércoles en una sesión maratónica que, según Emilio Monzó, presidente de ese cuerpo, fue la más tranquila desde que asumió esa función en 2015. El ala política que representa Monzó —el acuerdismo para ampliar la base de Cambiemos hacia el futuro— festejó además la insólita defensa de gobierno que hizo el jueves el opositor Miguel Pichetto, en el seminario de los abogados en la Universidad de Columbia. Ante un foro que esperaba ansioso alguna claridad sobre la confusión que transmiten los opinadores de allá y de acá acerca del futuro, dijo que Cristina no ganará las elecciones, que Macri será el candidato del oficialismo, y que, si el peronismo federal que él representa gana las elecciones, respetará todos los compromisos financieros con el FMI y los acreedores.

Renace el sueño de la base ampliada

Con esas señales se convirtió de nuevo en el mejor amigo del Gobierno, para quien hace una changa que la mesa chica de Olivos rechazó desde las elecciones de 2017: ampliar la base electoral. La crisis parece darle oxígeno a ese sector, alimentado por esa percepción de diván que transmite el propio Macri cuando dice que los mercados dudan sobre si los argentinos quieren volver al pasado. Es una manera elegante de reconocer que su reelección peligra y que hay que hacer lo que hay que hacer, o sea salvar la gobernabilidad a toda costa. Aun si costase romper la endogamia que ganó a la mesa chica después del triunfo electoral de 2017. Parecía adelantar un ascenso y terminó siendo un tobogán, algo parecido a lo que le ocurrió a Cristina en 2011; ganó por el 54% un nuevo mandato, pero al mes ya tenía un cepo, a los cuatro meses estatizaba las acciones de Repsol en YPF, en 2013 perdía las legislativas y en 2015, el poder. Esa es la capitulación que creyó eludir no entregándole los atributos presidenciales a Macri, como si fueran cuestiones personales. En filosofía política eso se llama concepto patrimonial del Estado, el Estado c’est moi. Un cargo público no es un servicio, sino propiedad individual que se usa y se abusa. Una idea premoderna sobre la que se puede construir bien poco.

Pichetto, el amigo imprescindible

Pichetto lo repitió ante otros interlocutores que cultivó en su viaje a la Costa Este de los Estados Unidos, hacia donde se trasladó el teatro de operaciones de la campaña. Explicó lo mismo ante fondos de inversión y ante alumnos de la Universidad de Yale. En Columbia lo rodearon cancerberos del oficialismo, como Jose Torello y Fabián Rodríguez Simón, además de profesionales como Guillermo Lipera y Máximo Fonrouge. Los primeros son asesores presidenciales; los segundos son una especie de para-funcionarios o pasantes sin dignidades rentadas, pero que se mueven por los pasillos como si tuvieran cargos vitalicios. Esto permitió que apenas se conociesen sus palabras, recibiera una andanada de llamados del Gobierno, agradeciéndole una changa cuyo valor recién entendieron allí. Pichetto se vareó por Nueva York junto a sus asesores Jorge Franco y Guillermo Michel, e incurrió en sanciones inesperadas para todos, como la descalificación de Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey, por haber dicho que “los muertos no pagan”. Esa frase es la que usó Néstor Kirchner para prologar el default heredado en 2003 y que el matrimonio extendió por 12 años más. “Estos muchachos no entienden nada”, deslizó ante una repregunta.

Aun ganando, Macri está en problemas

El valor del gesto de Pichetto responde a un diagnóstico que nadie admite on-the-record, que dice que para Macri no es tan malo perder, como ganar en el estado de debilidad y aislamiento con el cual termina su gobierno. En 2015 la burguesía de las provincias que deciden las elecciones votó en el entendimiento de que, si ganaba Scioli, venía el caos, y que si ganaba Macri, venía la alegría. En 2019, la percepción de superficie de ese electorado es que el caos puede venir gane quien gane. Cristina ya advirtió en dos discursos en el Senado que “esta deuda no se puede pagar”, que los inversores y mirones de otros rangos menores, pero auxiliares para la comprensión de los hechos, traducen con la palabra “default”. Gane o pierda, el hostigamiento al programa de este mandato de Macri será terminal sobre un presidente que, si gana, no tendrá reelección y que se ha encerrado en lo que Carrió llama la “endogamia” del Pro. Si gana Cristina, cabe pensar en qué ocurrirá con un peronismo cuya principal candidata vaticina un default, pero que además heredará el superávit fiscal de casi todas las provincias, y el déficit primario cero de la Nación. Ese cóctel es un paraíso para el populismo. A partir de aquí se entiende el valor altísimo del aporte de Pichetto al ensanchamiento de la base del oficialismo, hacia una banquina que le abre el peronismo federal, que quiere proveer lo que el mercado y la sociedad falaz y descreída le pide al Gobierno: lo que no le puede dar. Para aislarse de las especulaciones venenosas, Pichetto se mostró alejado de la delegación argentina que concurría a ese seminario, y resignó una invitación con ellos que le hizo el organizador Lipera. Incluso rechazó una invitación del Departamento de Estado para evitar la foto equivocada. Sí recibió a delegados del gobierno paralelo de Juan Guaidó en Venezuela, Alejandro Grisanti y Julio Borges. Un brindis anticristinista, para marcar diferencias con la expresidente que estaba en Cuba, destino predilecto para los viajes de Ernesto Maduro. La ocupación de argentinos entre Nueva York, Boston y Washington sigue en estas horas. Inversores y fondos hacían carreras por la 57 St, que es la calle emblemática donde están ellos, para llegar a las charlas que da Pichetto a decena de operadores de negocios, que descreen ya de lo que dice la prensa internacional, que saben está escrita en Buenos Aires, con prejuicios tan ligeros como las encuestas prematuras en las que se basan. La brigada aumentó este fin de semana con la llegada de los diputados Luciano Laspina (presidente de Presupuesto y Hacienda), Marco Lavagna, Santiago Bausili y Federico Pinedo. Aprovecharán para agotar la paciencia de los curiosos, que son centenares en estas horas, para participar del Foro Estratégico entre Argentina y Estados Unidos que organiza el Center for Strategic and International Studies (CSIS), un think tank que tiene como co-chair al empresario Marcos Bulgheroni. También participarán del lanzamiento del Caucus Argentino en el Capitolio, algo así como los grupos de amistad parlamentaria. Con el paro y el feriado, es una semana ideapara aprovechar en el frente externo.

“Lo que se perdió en el tiempo no lo busques en el espacio”

Cuando la crispación alcanza ciertos límites, se dispara la imaginación de los protagonistas. ¿Siguen convencidos Macri y su mesa política de no abrir el Gobierno como ha propuesto el ala Frigerio-Monzó? ¿Acaso es tarde para imaginar un acuerdo con el peronismo racional, pero sin techo, como es el de Urtubey o Pichetto, que licue la fuerza que hoy tiene Cristina? Horacio Rodríguez Larreta, otro operador en el TONY (Teatro de Operaciones Nueva York) recitó el rap oficial en el desayuno del lunes en el Council of America de Susan Segal: la confrontación es sólo con Cristina, los demás son de palo, y vamos a ganar porque el 60% que no la vota a Cristina, la odia y la va a hacer perder. Le preguntan qué constancias hay de eso, y responde que las encuestas de hoy no valen y que ésa es su convicción, y que si le preguntan está obligado a decir la verdad. Quienes escuchan anotan, yse preguntan si el Gobierno está haciendo un diagnóstico acertado de la situación, condición para poderle encontrar una salida a esta crisis, que es de confianza. Ojo que el debate sobre el diagnóstico pone a prueba la firmeza del Gabinete, en donde el jueves hubo amagues de poner la renuncia sobre la mesa. Quizás sea tarde, porque el manual dice que no hay que mover ninguna pieza en medio de una crisis. El pensador israelí Amos Oz consagró una deliciosa frase que se aplica a los intentos de enmendar algo que es difícil: “Lo que se perdió en el tiempo, no lo busques en el espacio”. La usó Pablo Gerchunoff en su discurso en el Senado, al recibir un premio a la trayectoria y describe algo de lo que suele pasar en política, un oficio para el que no se estudia y cuyo ejercicio es un aprendizaje desde la praxis, muchas veces sin posibilidad de volver atrás.
 

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