Para Pensar

NOS AUSPICIAN

Carta Abierta al presidente

Sr. Presidente de la República Argentina
Dr. Alberto Fernández
 
Mi nombre es Mateo García Fuentes, soy rosarino, abogado graduado por la Universidad Nacional de Rosario, con especialización en derecho procesal constitucional por la Universidad Austral, y hoy emprendí un nuevo desafío al haber obtenido una beca para continuar mis estudios en el exterior.

Como se podrá imaginar, éste debería ser un momento de extrema felicidad para mí por haber logrado, luego de tanto esfuerzo, el objetivo de estudiar lo que me apasiona en una muy prestigiosa universidad. Sin embargo, me veo en la necesidad de escribirle la presente carta por cuanto hace tan solo un mes que me fui de mi querido país, y lo cierto es que desde afuera uno puede ver la crítica situación en que se encuentra Argentina desde otra perspectiva. Situación que quizás uno no se detiene a analizar porque la vorágine diaria no se lo permite. Pero existe y es de por más preocupante.

Veo con muchísima tristeza, angustia y decepción lo que está ocurriendo en mi querido país. Instituciones inexistentes, el Congreso Nacional manejado por hipócritas y multiprocesados, provincias que se manejan como verdaderos feudos, propios del siglo XIX, y personas que no pueden si quiera despedirse de sus seres queridos por decisiones arbitrarias, ilegales e inhumanas de burócratas abstraídos de la realidad. Gobernadores que se ven apremiados por necesidades presupuestarias por su cabal irresponsabilidad fiscal, que, con tal de recibir centavos, someten a sus comprovincianos, representados por los senadores nacionales, a las necesidades judiciales de determinados funcionarios.

Quizás muchos no entiendan lo que ocurrió hace pocos días en el Senado de la Nación, piensan que son cosas del poder ajenas a los problemas cotidianos del ciudadano de a pie. Pero allí está el error. La Justicia lo es todo. Ella es la encargada de velar por el respeto irrestricto de nuestra carta magna, la cual no se limita a reconocer derechos, si no que por el contrario realiza una declaración de derechos y libertades individuales prexistentes al Estado mismo. Probablemente, sea la falta de valor y apego a la norma de nuestros magistrados lo que haya permitido llegar a este punto crítico. Pues ni si quiera se ordenan desalojos en término oportuno, lo cual colisiona absolutamente con el derecho de propiedad de cientos de argentinos trabajadores que solo quieren disfrutar del fruto de su esfuerzo. Sí, de su esfuerzo.

Pero lo cierto, Sr. Presidente, que mi preocupación comenzó hace tiempo. A principios del corriente año la máxima autoridad de nuestro país anunció jocosamente la intervención de una sociedad privada y el posterior envío del proyecto de expropiación, sólo por el hecho de que imaginó que ello sería festejado por la ciudadanía. Es sumamente preocupante, por no decir peligroso, que desde la Presidencia de la Nación se tomen decisiones según el termómetro y el clamor de cierta parte de la sociedad. Pues en tal caso, la sociedad toda quedará sometida a decisiones carentes de sustento y fundamento, y basadas en intencionalidades populistas.

Es frustrante escuchar que de las más altas esferas de nuestro país se reniega del mérito. Sr. Presidente, le consulto como profesor universitario ¿es igual la reacción de felicidad y satisfacción que percibe en un estudiante al darle un 10, que en aquel logra un 4? Si no fuera por el esfuerzo, yo hoy no estaría donde me encuentro. El mundo se maneja sobre la base del mérito. Pero pareciera que en Argentina la meritocracia y el esfuerzo son mala palabra. Pareciera que es mejor no estudiar, no trabajar y depender del Estado, en lugar de levantarse temprano a laburar y querer progresar. Hoy tristemente muchos viven del esfuerzo ajeno. Pero le pregunto, ¿qué ocurrirá cuando ya nadie encuentre incentivo a trabajar? ¿Qué ocurrirá cuando un médico, un policía o un bombero lleguen a la conclusión de que es más redituable y menos riesgoso cobrar miles en concepto de planes (al igual que los delincuentes presos) en lugar de arriesgar sus vidas? Me pregunto; ¿Qué mensaje se pretende dar a los jóvenes al decir que el mérito no importa?

Tristemente veo que muchos de mis amigos y seres queridos empezaron a emigrar o tienen en mente hacerlo porque no ven un horizonte posible en Argentina. ¿Qué podrá ser más triste que partir porque uno no ve la posibilidad de desarrollarse y tener una vida tranquila en su propio país? Hace poco un amigo médico me confesó que, junto con su pareja, también médica, decidieron irse a España renunciando a realizar sus respectivas residencias en prestigiosos Hospitales de CABA. Sus palabras fueron “soy un convencido de que no hay nada más que hacer en este país”. Como se podrá imaginar, esa noche no pude dormir. Contrariamente a mi amigo, yo sí creo que Argentina puede cambiar, y que ello se puede lograr con mucho esfuerzo, trabajo, dedicación y sobre todo decisión. Parece imposible, sí. Pero a veces lo imposible resulta inevitable.

Quizás estemos a tiempo de dejar atrás de una vez por todas el país del facilismo, de los planes sociales a cambio de votos, de las tomas, del suicidio fiscal, del ahogo impositivo, de la corporación política y sus innumerables privilegios, del encubrimiento en favor de funcionarios amigos, del apriete, del sindicalismo anacrónico y mafioso, del periodismo acrítico y militante. Ojalá pueda, usted Sr. Presidente, tomar el timón del país que decidió dirigir y retomar la senda de la cordura, el orden, el respeto a la norma y a la autoridad, la división de poderes, el equilibrio fiscal. Ojalá permita que los sectores productivos y creadores de riqueza en el interior del país puedan desarrollar su actividad con previsibilidad, sin retenciones exorbitantes que aniquilan el campo argentino.

Es frustrante ver que aquellos que se llenan la boca hablando de lo nacional y popular, de la redistribución de la riqueza, de la justicia social, y que critican a aquellos que con su propio trabajo han logrado progresar, son las personas más ricas del país y que más privilegios tienen. Hoy es claro que la verdadera oligarquía argentina es la clase política, que no hace más que destruir con ideologías sesgadas y llenas de odio nuestro querido país.

Sr. Presidente, de corazón le pido, quiero tener un país al cual volver.
Lo saluda atentamente,
Mateo Garcia Fuentes.
D.N.I. 38.599.486

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