Para Pensar

NOS AUSPICIAN

Argentina: te amo ! Argentina te amo. Argentina te amo !

Resulta extremadamente difícil por estos tiempos escucharlo, incluso hasta el simple ejercicio de pronunciarlo. Nos sentimos raros al hacerlo. Nuestro amado país, nuestra sociedad, está enferma de enemistad, peleada, agrietada.

Quien esto escribe ha tenido la oportunidad de viajar por muchos países tanto de orígen sajón como latinos y me persigue permanentemente el interrogante : qué nos ha pasado ? Por qué vivimos al borde del ataque de nervios , porqué esta hostilidad, esta crispación, que lleva ya varios años ?. Argentina es un país claramene afortunado: no tenemos grandes problemas étnico/raciales, tampoco religiosos; al contrario en esta tierra han convivido y conviven armónicamente integrantes de culturas que en sus tierras de orígen se persiguen, odian y masacran. Comparativamente, y al contrario de lo que la mayoría piensa, tampoco es que hayamos sido la sociedad con mayores problemas y conflictos políticos. Podría dar una decena de ejemplos de países que tienen una historia de conflictividad política que triplica la nuestra.

Tampoco somos el país más pobre o con peores salarios .Tenemos un geografía increíblemente extensa, bella, diversa, rica …Entonces, qué nos sucede ? Porqué cuando regreso de algún viaje prontamente percibo, respiro esa “tensión en el aire” , donde cada pequeño conflicto puede llevar a la agresión material o física, a la descalificación más dura, al destrato más hiriente . En cualquier esquina un pequeño inconveniente de tránsito pude derivar en una catástrofe, con muertos incluso. Hemos perdido ese “affectio societatis” básico, esa sustancia cohesiva, ADN o como se le quiera llamar que nos une más allá de las lógicas y necesarias diferencias. Hemos perdido ese amor por la patria, la noción de ser navegantes del mismo barco. Países con un historial de conflictividad terrible como España, Sudáfrica, Irlanda, Colombia hoy en día, por citar sólo algunos casos , han tenido la sabiduría colectiva de curar, de amigarse , repito, conservando las diferencias y discrepancias, pero poniendo en valor aquello que une y otorga orgullo, sentido de pertenencia. Así plasmaron acuerdos básicos que les permitieron mirar hacia el futuro a pesar de tanto dolor y tantas heridas.

Tratando de encontrar causales, que seguramente sean múltiples y complejas, noto que en nuestra Argentina se se han perdido o vaciado de contenido ceremonias, ritos y símbolos que cumplen la función de recordarnos de dónde venimos, de qué sucesos, qué gestas y qué valores nos unieron un día para formar esta gran nación. Las ceremonias colectivas como el día de la Patria, el de la bandera, el homenaje a las figuras que en todos los campos se han destacado han caído en el olvido, como también el valor del ejemplo y respeto a las normas. No se les otorga la relevancia adecuada. Basta con recordar cómo se celebraba en esta Rosario el 20 de Junio con plena participación de la sociedad civil, instituciones, bajo el amparo de la bandera y los colores celeste y blanco, que no faltaban en ninguna casa, sin apropiación política del acto. Se daban esos “ recreos de fraternidad” que dan lugar a la distención y al abrazo sin negar las diferencias, sino respetándolas. Cómo volver a reconocernos habitantes de una misma “gran casa”, cómo comprender que gestionando positiva y respetuosamente la diversidad es que se hace grande un país ? Cómo regenerar aquéllos acuerdos básicos, políticas de Estado, que germinan en previsibilidad, crecimiento sostenido y un clima de convivencia agradable ? Claro que la vida en sociedad implica inevitablemente puja de intereses entre los diferentes sectores, pero las naciones que realmente progresan, que generan bienestar y sensación de felicidad en sus integrantes son aquellas que tienen la sabiduría de privilegiar valores y símbolos de los que se sienten orgullosos, y que los hermanan. Nos guste o no es esta nuestra tierra, este gran hogar donde naciste, vives o has vivido y, donde muy seguramente deseas que vivan, sean felices y prosperen tus hijos.

Donde cada uno, desde su perspectiva, pasiones y sentimientos está sembrado sueños y esperanzas. Resulta doloroso calcular cuánta energía y posibilidades se malogran en este “combate” interno permanente e injustificado. Quizá un liderazgo fuerte que llame a unir, a recuperar, a rescatar lo mejor que sí tenemos que sí compatimos, que sí existe en este país lo logre. Poner en el escenario social cotidiano la sustancia más profunda y noble, aquello que nos entreteje como individuos y nos vincula otorgándonos orgullo a un nivel más sólido y profundo que los matices, pasiones y diferencias del momento. Seguramente el lector a esta altura considere esta reflexión utópica pero bienvenidas sean las utopías si es “que nos hacen caminar hacia algo mejor “ En esta Argentina sobran prodigios y maravillas. Historias, logros y personajes que nos destacan. Sé, que si te detenés tan solo cinco minutos, te vienen a la memoria decenas de ellos y miles de hèroes anónimos, esos que , como decía Borges “sostienen el mundo”. Porqué estar tan peleados entonces? Porqué la exacerbaciòn de los antagonismos como deporte nacional ? Nos damos cuenta de todo lo que perdemos ? Si pudiéramos regenerar esa empatía basal el país sería mucho más vivible, más próspero, más respirable para todos.

Ojalá surjan nuevos líderes tanto a nivel polìtico como social que convoquen a la unión en el marco de un contrato social respetado por todos y que un día nos sorprendamos escuchándonos a nosotros mismos expresando “Argentina te amo, te amo con orgullo y para siempre “.

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