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El cepo a la exportación ya se nota en el valor de la hacienda

Desde mayo último, por un consumo cada vez más debilitado y una exportación limitada, se explica la caída del 15% en términos reales del predio de la hacienda.

La oferta ganadera es más baja que el año pasado, pero esto no alcanza a compensar por el lado de la demanda los ingresos que resigna la cadena de la carne por las menores ventas al exterior.

Está sufriendo la hacienda liviana de consumo, que siente la menor demanda doméstica, especialmente en los últimos días del mes. También padece el precio del novillo sin papeles (que ahora muestra una modesta recuperación, porque no es prioritario para una exportación con cupos, que elige los negocios. Además, ese animal ofrece una carcasa grande como para competir en el consumo doméstico.

Se embarca un 80% de lo que se exportaba en el segundo semestre del año pasado, pero si no hubiera límites y se pidiera capturar los volúmenes y los precios que marca hoy la demanda internacional, los precios del novillo y de la vaca serían sensiblemente más altos. El precio de la carne al mostrador no ha bajado lo que las autoridades pretendían en un primer momento, pero tampoco sube. Este nuevo estado de cosas parece satisfacer al Gobierno nacional, que por ahora es poco proclive a hacer nuevas “concesiones”.

Habrá que esperar los efectos sobre el mercado ganadero de los resultados de las elecciones, de una eventual devaluación y de la seca que avanza en gran parte del país. La moneda está en el aire.

El feedlot se retira discretamente de la escena, con pérdidas considerables en el caso del engorde de los animales livianos y del novillo. Para los próximos meses, el mercado apuesta a un fortalecimiento del precio del gordo, por el alargamiento de las recrías y por el despoblamiento de los corrales, pero nadie está seguro que esto pueda determinar una recuperación de importancia en los precios reales de la hacienda.

INSUMOS

Entre noviembre del 2020 y marzo del 2021, es decir durante siete meses consecutivos y antes de que el Gobierno limitara las exportaciones de carne vacuna, los precios reales de la hacienda (ternero de invernada, novillo de exportación, novillito, vaquillona, vaca gorda y conserva) le sacaron una clara ventaja a la inflación, y a los costos de producción.

Entre noviembre de 2019 y noviembre del 2020, el precio real del novillito en Liniers había subido un 20%, y en los siete meses siguientes subió otro 24%. En mayo se interrumpió ese proceso de valorización con las restricciones a la exportación, y con la limitación artificial de la demanda externa.

Desde mayo de este año a la fecha, el precio real del novillito en Liniers ha bajado un 13% en términos reales.

Entre septiembre del 2020 y septiembre del 2021, los costos ganaderos crecieron más que la inflación (IPC), que fue del 52,3% en este período; sólo el costo del personal (51,1%), de la vacuna contra la aftosa (50%) y de la confección de rollos (47,6%) han subido menos que el IPC. Los costos de una hectárea de pradera, de un verdeo de invierno o de una hectárea de silo de maíz (implantación y confección) han subido entre un 54% y un 58%.

El precio del maíz ha subido un 62% y el precio del gasoil un 64%, bien por encima de la inflación. Mucho más han subido el valor de un rollo de alambre (167%), de un molino completo (80%) del fosfato diamónico (141%), del superfosfato triple (174%), del glifosato (174%), y de la urea (150%).

En resumen: de septiembre del 2020 a septiembre del 2021, y mientras la inflación fue del 52,5% y la valorización del dólar oficial fue solo del 31%, un índice ponderado de costos ganaderos subió un 62%.

En el mismo período, el precio del novillito (300 a 390 kilos) en Liniers se valorizó un 80,6% y el ternero de invernada lo hizo en un 73%.

Gran parte de la ventaja que el precio de la hacienda le sacó a la inflación y a los costos de producción en el año se está perdiendo. Es por el recorte de la exportación, que es hoy claramente el factor más dinámico de la demanda.

 

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