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El buen momento que atraviesa el criador

La coyuntura muestra firme al ganado liviano de consumo, cuya oferta todavía es estacionalmente reducida. Muy recuperado el novillo pesado elegible para cuota Hilton, que está escaso y muy demandado. Precios estancados desde hace ocho meses tanto para la vaca gorda como para la manufactura o conserva. Un consumo muy debilitado, que ya no muestra la fuerza de hace tres o cuatro meses, a principios de la cuarentena. Una cadena de pagos en el consumo que se va tensando, por la reducción de los márgenes, por los menores volúmenes trabajados y por la morosidad de los minoristas.

En el primer semestre del año se reduce la faena de vacas (4,5 por ciento) y la de terneras (28 por ciento), mientras que la matanza de vaquillonas todavía es muy alta (creció 12,5 por ciento), pero tiende a desacelerarse con respecto al año pasado. A modo de hipótesis: los buenos precios del ternero de invernada, 20 por ciento superiores al promedio histórico 2005-2019, y los interesantes valores de la vaca gorda conserva o manufactura, estarían mejorando los ingresos del criador. A tal punto que muchos de ellos estarían dejado de vender vientres útiles. Además, se habría reducido la faena de vientres preñados, desde que se recuperaron los precios de la vaca o de la vaquillona preñada con fines reproductivos. Ya no se ven esos importantes lotes de vacas preñadas en las playas de faena de los frigoríficos. No es la primera vez que dentro de un panorama económico local e internacional adverso, una mejora (¿circunstancial?) de los ingresos de la cría gatilla un cambio de expectativas y de rumbo en el ciclo ganadero.

El año pasado, el ciclo ganadero mostraba una fase de liquidación moderada, y hoy, a causa de la crisis y de la aversión al dinero, muestra señales positivas, con precios más que razonables para los productos de la cría (terneros, vacas), que tienen una demanda muy firme. En el último año ha mejorado el precio del ternero y ha cambiado drásticamente el valor de una vaca para cría en relación a una vaca con destino a faena.

Para el segundo semestre del año puede preverse una marcada caída estacional de la oferta de terneros, que combinado con la actual actitud de rechazo de muchos productores a quedar “calzados” en pesos, puede mantener, e incluso crecer, el sobreprecio de la invernada en relación al gordo.

Si se mantienen los buenos precios actuales para el ternero de invernada, y la demanda china afirma el precio de la vaca, mejorarían los ingresos de los criadores y la alta faena de vientres probablemente tienda a disminuir, cosa que ya empezó a suceder en estos últimos meses. El año pasado se perdieron 550 mil vacas y 300 mil vaquillonas del stock ganadero; si la cría mantuviera su mejora actual, podríamos entrar en un período de equilibrio entre nacimientos, por un lado, y faena más mortandad por el otro, con un stock ganadero estable, sin crecimiento, pero sin caída.

Por ahora, y de acuerdo con los registros de faena de los primeros seis meses del año, estamos todavía en un proceso de “liquidación” muy moderado, con pérdidas de existencias, pero inferiores a las registradas en el 2019.

Según los datos del Ministerio de Agricultura de la Nación, en el primer semestre del año se trasladaron, con destino al campo o al feedlot, seis millones de terneros, 3,5 por ciento más que en enero-junio del año pasado.

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