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¿TENDRÁ ÉXITO EL PROGRAMA ECONÓMICO?

Hay dos fenómenos que pueden hacer fracasar hasta el programa económico más consistente. Se trata de la situación internacional y el respaldo al plan por parte de los agentes económicos locales, desde el empresariado hasta los sindicatos.

Por el lado internacional la tasa de interés en Estados Unidos, el crecimiento (o no) de nuestros principales socios comerciales y los términos de intercambio son tres factores esenciales e interdependientes. También afectan, para bien o para mal, los cisnes negros, que son fenómenos poco probables y de alto impacto como guerras o descubrimientos tecnológicos.

Las alzas en la tasa de interés internacional, básicamente la de Estados Unidos, fortalecen el valor del dólar y presionan a la baja el precio de las materias primas, por lo que nuestros términos de intercambio caen y entran menos dólares en concepto de exportaciones. El alza de tasas también encarece el costo de financiamiento de los Estados y las empresas afectando negativamente al crecimiento económico general.

En esta línea la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) decidió esta semana una leve suba de tasas que pasaron a ubicarse entre 0,75% y 1% anual, además anunció dos subas más a lo largo del año. Lentamente la tasa internacional subirá para cerrar el año en torno a 1,50% anual. Debe reconocerse, a pesar de la suba, que la tasa se mantiene baja y resulta negativa en términos reales dado que es inferior a la inflación de Norteamérica. En Argentina la baja del riesgo país podría ser mayor al aumento de tasas, fenómeno que implicaría una mejora en el costo de financiamiento.

Los términos de intercambio arrojaron al cierre de 2016 un valor 5% superior al de diciembre de 2015, sin embargo, desde inicios de 2017 se registraron caídas en algunos precios agropecuarios. Actualmente el poder de compra de nuestras exportaciones en términos de importaciones está lejos del máximo registrado en 2011 y 2012 pero se ubica por encima de los valores observados en 2014 y 2015.

El precio del petróleo es un tema aparte, su evolución no está tan ligada a la tasa de interés como a los cambios en la producción y demanda mundiales, en este sentido, un aumento 4 veces mayor al proyectado en las reservas de EE.UU. precipitó su derrumbe desde los U$S 54 por barril en que arrancó el mes a U$S 48 actualmente. Si se tiene en cuenta que en nuestro país cerca del 30% de los dólares que ingresaron en 2016 para inversiones productivas tuvieron como destino el sector petrolero y la industria química, ligada a su procesamiento, esta caída no resulta benéfica ya que resta rentabilidad y atractivo a dichas inversiones.

En lo que refiere al crecimiento de nuestros principales socios comerciales debemos considerar Brasil, Estados Unidos, China y la Unión Europea.

Durante 2017 sobre Estados Unidos y la Unión Europea se mantienen buenos pronósticos de crecimiento, en China preocupa la fuga de capitales, sin embargo, en el peor de los casos crecería levemente por debajo del 6%, en situación normal se estima que crezca 6,5%.

Brasil, el país más importante para nuestro comercio, estuvo en recesión entre 2015 y 2016 con caídas de PBI superiores a 3,5% anual, para 2017 se espera que crezca 0,48% y aumente su demanda de productos argentinos, esencial para aliviar la actual situación de nuestro sector automotriz. La actividad económica brasilera se está beneficiando por la baja de tasas impulsada desde su banco central, en enero creció 1,4% la producción industrial luego de 34 meses consecutivos en baja. Más allá de lo anterior, su crecimiento podría frenarse por la posibilidad de un caos político que tiene como última gota los casos de corrupción que manchan a su presidente, Michel Temer, y que podrían terminar con su arresto y destitución. Como dato de color, en 2018 hay elecciones y se perfila como favorito Luis Ignacio Lula Da Silva, quien fue presidente desde 2003 a 2010.

Pasando al plano interno se debe tener en cuenta que en un mundo con incertidumbre las personas forman expectativas y, en base a ello, modifican sus patrones de consumo, ahorro e inversión generando un impacto significativo en la marcha de la actividad. Los economistas del comportamiento denominan a esto “profecía auto-cumplida”, por ejemplo, si la mayoría de las personas tiene buenas expectativas sobre el crecimiento económico, saldrán a comprar e invertir sin temor impulsando las ventas, el empleo y generando lo que “creían” sucedería. Por el contrario, si los agentes no ven un panorama alentador tenderán a postergar decisiones de consumo e inversión, el dinero no circula y la actividad se resiente.

Cuando las personas ven un buen panorama respaldan al gobierno, cuando la situación es inversa el respaldo se debilita.

En la encuesta que realizamos vía twitter ganó la idea de un “respaldo moderado” al programa económico del gobierno con 52% de los votos. Un 33% de los encuestados interpreta que el respaldo de los empresarios, trabajadores y gente en general es bajo (33%) mientras que solo el 15% restante manifestó entender que el respaldo es elevado.

En el Relevamiento de Expectativas de Mercado realizado en febrero de este año el Banco Central encuestó a 29 consultoras y centros de investigación locales, 15 entidades financieras de nuestro país y 11 analistas extranjeros. Ninguno de los encuestados ve una caída del PBI en nuestro país para los próximos 3 años y, en promedio, ven un crecimiento que se acelera desde 3,0% en 2017 a 3,5% en 2019. Incluso la entidad encuestada más pesimista ve un crecimiento de 1,6% en 2017.

 

En síntesis, el programa económico no está exento de desafíos tanto externos como internos que podrían complicar el normal desenvolvimiento esperado. La situación es más delicada en el plano interno, donde el gobierno transita una época de respaldo moderado por parte de los actores sociales, sin embargo, las consultoras y otras entidades profesionales mantienen su expectativa alcista sobre el rumbo de la economía.

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