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La salida de Fischer y el futuro de la Fed


En un momento crucial para la política monetaria de Estados Unidos, con el mercado descontando ya el inicio en el adelgazamiento del balance del banco central el próximo 20 de septiembre pero no digiriendo completamente una próxima subida de tipos hasta mediados del año que viene, Stanley Fischer, el vicegobernador de la Fed y mano derecha de la presidenta Janet Yellen, anunció el miércoles su salida prevista para el próximo 13 de octubre. 

Una decisión que el alto funcionario de la Fed achacó a "razones personales" pero que trastoca de forma importante el calendario de posibles cambios en el seno de Comité de Mercados Abiertos de la Reserva Federal (FOMC, por sus siglas en inglés), el órgano encargado de dictar la hoja de ruta monetaria del país así como su Consejo de Gobierno. Al fin y al cabo, su periplo como vicegobernador del banco central, cargo que ocupó en 2014, no expiraba hasta junio de 2018, inspirando así cierta confianza de continuidad dentro de la Reserva Federal, al menos durante algunos meses, en el caso de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no revalide a Yellen como presidenta a finales de enero del año que viene. 

"Durante mi tiempo en el Consejo de Gobierno, la economía ha seguido fortaleciéndose, proporcionando millones de empleos adicionales para los trabajadores estadounidenses", aseguró Fischer. "Impulsados por las lecciones de la reciente crisis financiera, hemos sabido construir sobre nuestra experiencia anterior para lograr un sistema financiero más fuerte y más resistente y capaz de proporcionar crédito para la prosperidad de los hogares y las empresas de nuestro país", añadió. 

Sin embargo, en estos momentos, las dudas sobre la continuidad de la normalización monetaria invaden la mente de muchos, especialmente sin un repunte claro en los precios. Lael Brainard, gobernadora de la Fed, advirtió esta semana sobre los riesgos que implica seguir subiendo los tipos de interés con una inflación baja. Neel Kashkari, el presidente de la Fed de Minneapolis, aseguró recientemente que las vueltas de tuerca a la manivela monetaria ya han causado estragos a la economía. 

En estas circunstancias, la marcha de Fischer incrementa la incertidumbre sobre el rumbo que tomará la Fed en los próximos meses. Yellen ya quemó los lazos con Trump para una posible reelección de su puesto el año que viene en Jackson Hole, donde la presidenta de la Fed defendió a ultranza la regulación financiera y sugirió que cualquier cambio sobre esta debe ser "modesto". Un duelo dialéctico que planta cara directamente las intenciones de la Casa Blanca para desregular la banca. 

"Fischer ha sido la voz de la experiencia y su posición internacional es impecable", dijo en un informe economista jefe de JPMorgan Chase & Co, Michael Feroli, quien aseguró que su salida "añade un nuevo elemento de incertidumbre a la política monetaria y quién dirigirá la Fed a principios del próximo año". Su marcha deja vacantes cuatro de los siete asientos que forman el Consejo de la Fed. El pasado julio, Trump nominó a Randal Quarles, ex funcionario del Tesoro bajo la administración de George W. Bush, como gobernador de la Fed responsable de supervisar el sector financiero. Sin embargo, su cargo sigue sin ser confirmado en el Senado. 

Las miras se dirigen ahora a Yellen. Tras su implícito ataque a Trump en Jackson Hole, los expertos aseguran que el presidente será mucho más reacio a nominarla de nuevo. Entre los candidatos favoritos para sustituirla destaca Gary Cohn, ex presidente de Goldman Sachs, y actual director del Consejo Económico Nacional. Aún así, tras los incidentes registrados el pasado agosto en Charlottesville, Virginia, la relación entre Cohn y Trump se ha enfriado e incluso la frustración del funcionario con el presidente ha avivado los rumores de una posible dimisión o incluso su despido por parte del mandatario. De momento, eso sí, Cohn sigue orquestando los detalles de la reforma tributaria en colaboración con el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, entre otros, y sirviendo de cordón entre la administración Trump y las grandes empresas del país. 

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