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NOS AUSPICIAN

Esta semana en Wall Street

Tenemos una semana corta y una extremadamente escasa de referencias económicas. El mercado abrirá solo a media sesión el lunes. Incluso el tramo de miércoles a viernes llega antes de otro fin de semana festivo. Además, el cierre del gobierno retrasará la publicación de algunos datos macro mientras la resaca dejada por la decisión de la Fed y la salida del secretario de Defensa, Jim Mattis, seguirán fomentando la volatilidad en los mercados. 

La atención se centrará principalmente en las cifras de precios de la vivienda el miércoles, la confianza del consumidor de diciembre y los números de ventas de casas nuevas el jueves y las cifras de ventas de viviendas pendientes, datos de comercio y números de PMI de Chicago que conoceremos el viernes.

Quizás los datos más relevantes son los relacionados con el sector de la vivienda y en las cifras de confianza del consumidor, aunque se espera cierta respuesta del mercado a los datos del viernes,  ya que otra ampliación del déficit comercial probablemente irrite al presidente de EEUU, Donald Trump, en un momento en que la tregua comercial sigue su curso. 

Los rumores, posteriormente desmentidos por el secretario de Tesoro, Steven Mnuchin, sobre la posibilidad de que Trump esté pensando en despedir a Powell también pueden generar cierto malestar entre los inversores. 

La decisión de la Reserva Federal de subir por cuarta vez este año los tipos de interés y atisbar al menos otras dos vueltas de tuerca más a la manivela monetaria el próximo año sentó como un jarro de agua fría entre el mercado. Con el 60% del S&P 500 ya en un mercado bajista, el Nasdaq Compuesto también cayendo un 20% desde sus últimos máximos y el Dow Jones tocando mínimos de los últimos 14 meses, los síntomas de un brusco debilitamiento en el horizonte siguen generando malestar entre los inversores. 

Uno de ellos está en el aplanamiento de la curva de rendimientos de los bonos del Tesoro de EEUU, algo que se produce cuando el diferencial sobre el interés entre el bono a 2 años (corto plazo) y a 10 años (largo plazo) se aproximan. Durante la penúltima jornada de la semana, dicha brecha llegó a cerrarse de nuevo en 9,5 puntos básicos, tocando de nuevo niveles no vistos desde el segundo trimestre de 2007, cuando la crisis financiera comenzaba a despuntar. 

La historia sugiere que una vez dicha curva se aplana o peor aún llega a invertirse invertirse, la renta variable tiende a flaquear durante los próximos dos años, ya que la economía finalmente comienza a debilitarse. “Teniendo en cuenta nuestra opinión de que la economía estadounidense se desacelerará drásticamente proyectamos una caída en el S&P 500 de casi el 15% en 2019”, avisa Oliver Jones, de Capital Economics.

Según Azhar Iqbal, economista de Wells Fargo Securities, el margen de tiempo entre la inversión de la curva y el comienzo de una recesión económica puede oscilar entre 8 y 23 meses, por lo que una posible contracción económica podría coincidir, o no, con las próximas elecciones presidenciales. De ahí, que haya alguna voz que apunte a una posible bajada de tipos a partir de 2020.

Algo que no parece comulgar, al menos de momento, con la Reserva Federal. El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) elevó el miércoles por cuarta vez en lo que llevamos de año en 25 puntos básicos los tipos de interés, situando el precio del dinero en un rango de entre 2,25% y el 2,50%. Sin embargo, sus ajustes a corto, medio y largo plazo no implicaron un tono tan acomodaticio como se esperaba.

De hecho, entre tímidas revisiones al crecimiento económico, con un PIB que avanzará un 2,3% el próximo año, dos décimas menos de lo previsto pero por encima de su potencial, o una inflación sobre el consumo personal subyacente, que se corrigió una décima a la baja pero que sigue alcanzando la meta del 2% en 2019, los altos funcionarios del banco central siguen planeando subir los tipos por encima de la tasa neutral, es decir, el nivel en que la política monetaria no es ni acomodaticia, ni tampoco restrictiva, durante los próximos tres años.

En sus nuevas proyecciones, el FOMC estima que las tasas federales a corto plazo encontrarían dicho equilibrio en el 2,8%, dos décimas menos de lo previsto en septiembre. Sin embargo, el diagrama de puntos, o dot plot, señala que la media de sus miembros observa el precio del dinero en el 2,9% a finales de 2019, es decir, observan al menos dos subidas de tipos que llevarán la política monetaria a un terreno restrictivo. En 2020 y 2021, cuando la economía crecerá un 2% y un 1,8%, la Fed indica que los tipos se asentarán en el 3,1%.

Durante la rueda de prensa posterior ofrecida por el presidente de la Fed, Jerome Powell, el guardián que vela por el pleno empleo y mantener la inflación en cintura, incidió en que las “decisiones de política monetaria no siguen un curso preestablecido” pero indicó que los tipos se encuentran ya en la parte baja de la tasa de equilibrio, confirmando así que las próximas subidas tendrían un efecto más restrictivo.

Pero, para curarse en salud, recordó que “la historia confirma que los eventos imprevistos pueden afectar la economía y cambiar nuestras proyecciones” reconociendo, eso sí, que en estos momentos el FOMC tiene “la capacidad de ser paciente”. 

La decisión de la Fed se produce en un momento en que las subidas graduales implementadas por el banco central desde diciembre de 2015, tras ocho años acomodadas entre el 0 y el 0,25%, se dejan notar tanto en los consumidores como en las empresas. Síntomas que ya hacen acto de presencia en la industria inmobiliaria y automotriz.

“Un ajuste relativamente modesto en la política monetaria está teniendo un impacto más desproporcionado en la economía que en el pasado”, reconoce Joseph Lavorgna, economista de Natixis, quien indica que una de las razones podría estar en el adelgazamiento del balance de la Fed, que comenzó en octubre del año pasado y que se ha reducido en 365.000 millones de dólares aproximadamente hasta los 4,14 billones de dólares.

De ahí que Lavorga recomiende a los funcionarios del instituto emisor proceder “con mayor cautela”. Powell, por el contrario, determinó ayer ante los periodistas que el achicamiento de dicho balance está teniendo muy poco impacto en los mercados crediticios.

Actualmente, se espera que la Fed frene su dieta a finales del próximo año o comienzos de 2020, lo que ofrecería un respiro, en caso de que las condiciones económicas muestren crecientes síntomas de debilidad. Para entonces, los expertos de Capital Economics proyectan incluso que el banco central también podría llegar a bajar tipos en 75 puntos básicos.

No obstante, como indica el diagrama de puntos actualizado del banco central, pese a que las subidas de tipos pesan ya en el sector de la vivienda, la Fed no ha dado por terminado todavía su ciclo alcista, que seguirá su ascenso por lo menos hasta 2020, cuando se espera, al menos una subida de tipos.

“El FOMC incrementará tasas en 50 puntos básicos a lo largo del próximo año”, destaca Mark Vitner, economista de Wells Fargo Securities. Desde su punto de vista, la característica más importante de la segunda expansión económica más larga de la historia en EEUU sigue siendo “la ausencia de excesos obvios”. Es por ello que, con una inflación que se recupera gradualmente y que no corre peligro de imitar el desboque ocurrido en los 70, la Fed “no tiene razón para echar el freno”.

Es importante contemplar la composición del FOMC a partir del próximo año, donde algunos de los miembros que rotan su poder de voto, como el presidente de la Fed de Filadelfia, Patrick Harker, su homólogo en la Fed de Dallas, Robert Kaplan, o el capitán de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari, traspasarán el testigo. Todos ellos se caracterizan por favorecer una política más acomodaticia.

El único halcón que también relega su voto es la presidenta de la Fed de Cleveland, Loretta Mester, quien será reemplazada por Esther George, presidenta de la Fed de Kansas, caracterizada por favorecer las subidas de tasas. Del lado de las palomas, el presidente de la Fed de San Luís, James Bullard, y Charles Evans, su homólogo en la Fed de Chicago, serán los nuevos defensores en el FOMC de una política menos restrictiva.

De todas formas, ahora que Powell y el resto de miembros del FOMC parecen haber desconectado el piloto automático, se calibran las probabilidades de que la política monetaria sea la responsable de frenar la actividad económica en 2019. EEUU entra ya en la fase final del ciclo y las áreas más sensibles a los tipos de interés seguirán debilitándose el próximo año.

Sin embargo, tampoco podemos obviar un escenario geopolítico delicado, donde la tregua comercial entre Washington y Pekín expirará el próximo 2 de marzo y un abrupto divorcio entre Reino Unido y la Unión Europea podría materializarse a finales del mismo mes. Eventos que llegan acompañados de un debilitamiento en la economía global, la compresión de los márgenes, el aumento de los costes de financiación o la caída en los precios del petróleo.

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